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El cisne de cuello negro |
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| Juncos, espadañas, totoras enmarcan la laguna donde nada apaciblemente un grupo de cisnes. El verde de la vegetación parece exaltar el blanco plumaje del que emerge, elegante, el negro cuello ligeramente curvado. Bien puede corresponder este comienzo para referirnos a un ave celebrada por los poetas y tema de innumerables mitos. Pero este cisne descripto brevemente es el cisne de cuello negro, nativo de la América del Sur, mencionado por primera vez por Bougainville y descripto por el jesuita chileno Juan Ignacio Molina en 1782. Estas aves anidan desde la latitud de la provincia de Buenos Aires y Chiioé en Chile hasta la Tierra del Fuego, y ocasionalmente se las encuentra en las islas Malvinas. En el invierno migran hacia las provincias centrales de Chile, hacia el centro y norte de la Argentina, y alcanzan también el sur de Paraguay, Uruguay y el sudeste de Brasil. En primavera regresan: se los puede ver cruzando el cielo en formaciones triangulares y haciendo un fuerte ruido con las alas. En aguas saladas o dulces
Esteros, lagunas o lagos de aguas dulces o saladas son el ámbito del cisne de cuello negro. Como nada en bandadas numerosas, busca las zonas más abiertas, más libres de vegetación. En las partes más alejadas de la costa es también donde puede protegerse mejor, pues ante cualquier serñal amenazante podrá alejarse nadando o carreteando para levantar vuelo. Las zonas de vegetación más espesa, en cambio, serán el albergue elegido para hacer el nido y criar los pichones.Según los estudios hechos en 1971 por Markham en Megallanes (Chile), del total de cisnes de cuello negro censados, el 56 por ciento se hallaba en aguas saladas y el 44 por ciento en aguas dulces. Es un ave de hábitos diurnos. Por la noche busca para descansar los sitios profundos de las lagunas. En estos cuerpos de agua el cisne de cuello negro encuentra alimento abundante: hojas, tallos tiernos, semillas, raíces son la base de su dieta, a la que suman larvas de insectos acuáticos, moluscos, crustáceos y huevos de peces. Generalmente, el cisne busca su alimento cerca de las orillas de los cuerpos de agua, por los que se desplaza nadando. Como no se zambulle, es mediante su largo cuello que alcanza la vegetación sumergida, que consume en grandes cantidades, aunque también aprovecha las plantas flotantes. Nada, camina, vuela Aunque el cisne de cuello negro es esencialmente acuático, pertenece al único grupo de aves que, en mayor o menor medida, puede desarrollar los tres tipos de locomoción: marcha, vuelo y natación -la predominante-. Al ser aves de gran tamaño, pesadas, y de patas relativamente cortas, tienen un andar torpe y levantan vuelo con dificultad. Como ocurre con todas las aves acuáticas, la elegancia y la destreza con que nadan se relacionan en cierta medida con las cualidades del plumaje. Los cisnes tienen densas capas de plumas cortas que son constantemente engrasadas con la secreción de la glándula uropigia (ubicada cerca de la cola) que el ave distribuye con el pico. Esta lubricación, al rechazar el agua, permite la formación de un colchón de aire dentro del plumaje aislando a la piel respecto del medio externo y evitando una excesiva pérdida de calor al animal. Otra importante cualidad es la disposición particular de las patas, que le facilitan el desplazamiento cuando está en el agua y también le brindan un soporte estable en tierra. El cisne de cuello negro posee tres dedos dirigidos hacia adelante, unidos por una membrana interdigital, por eso se lo define como un ave palmípeda. El cuarto dedo, en cambio, está libre y en la parte opuesta. Cuando nada encoge los dedos interiores, replegando a la vez la membrana interdigital mientras la pata se dirige hacia adelante. Así consigue disminuir la resistencia del agua. Enseguida abre los dedos, vuelve a desplegar la membrana y echa la pata hacia atrás, con fuerza y hasta donde se lo permiten los músculos, de modo de desplazar la mayor cantidad de agua posible para avanzar con más facilidad. No es tan grácil este cisne en tierra. Su cuerpo voluminoso es la causa de su andar poco airoso y de la necesidad de corretear un largo trecho para levantar el vuelo. De todos modos, ya en el aire avanza rápidamente, con el negro cuello totalmente estirado y haciendo el típico ruido de las aves con alas cortas y cuerpo pesado. No solo el sonido producido por las alas es tan fuerte qué puede oírse a distancia sino que, además, mientras vuela lanza una especie de silbido suave, musical, que repite rápidamente, sobre todo si está excitado. Cuando baja sobre el agua, las patas palmeadas le sirven a manera de frenos. El cortejo, la reproducción El agua es también elespacio del cortejo amoroso. Con el plumaje bien apretado sobre el cuerpo el macho y la hembra empiezan a rozarse, se acercan más cada vez y mientras palmean con fuerza unen los pechos y entrelazan los largos cuellos. Cuando el macho consigue deslizarse sobre el lomo de la hembra, se produce la cópula (introduciendo el órgano copulador en la cloaca de la hembra), que dura solo unos pocos instantes. Durante todo el cortejo, los movimientos del cuerpo estuvieron acompañados por una serie de gritos muy similares a los que emiten cuando defienden su territorio. Poco después vuelven a deslizarse apaciblemente. La pareja ha recuperado la compostura habitual, luego de acomodar y peinar con esmero su blanco plumaje. Muchas veces los cisnes deben librar violentos combates para constituir o para defender su pareja, que dura toda la vida. Al comenzar la pelea se encaran parándose frente a frente, profiriendo rotundos y agresivos combates al tiempo que despliegan las alas, para enseguida reforzar la amenaza agitando las alas con fuerza y apuntando los picos hacia arriba. Llegan los pichones Aguas adentro, al amparo de los juncales de la laguna o de otra vegetación acuática, los cisnes de cuello negro levantan sus nidos. Pueden hacerlo también en tierra firme, en un isio e protegido, pero siempre cerca del agua. Será un territorio que defenderán celosamente. Ambos miembros de la pareja cooperan en la tarea. Estirando el cuello, el macho alcanza a la hembra el barro, las ramitas o las hojas secas necesarias. Ella los toma con el pico y a su vez estira el cuello para colocar el material lo más lejos posible. Siempre echados, repiten el procedimiento hasta acarrear todo el material que haga falta. Se levantan entonces, reiniciando el transporte hasta su destino final. La hembra se encarga de la construcción propiamente dicha. Edifica la parte sumergida con barro y juncos y va afinando la calidad de los materiales a medida que asciende, hasta llegar al fino plumón con que cubrirá la hoya superior cuando comienza a incubar los huevos. El resultado es una estructura de unos sesenta centímetros de diámetro y veinte a veinticinco centímetros de alto, con una depresión circular de unos treinta y cinco centímetros de ancho y trece de profundidad en su parte superior.
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