Apariciones sucesivas del “tamanduá” lo integran a la fauna nativa
Osos en el Uruguay
Al tamanduá, u oso hormiguero chico, la Identidad nativa le ha sido
esquiva: durante años se cuestionó fueran fauna autóctona, aun cuando era
común en Argentina y Brasil. En peligro en esos países, aparece ahora en el nuestro
más que antes, además de protagonizar con su presencia una curiosa historia.
De haber sido humanos, bien podría habérselos acusado de hacer una doble
jugada para una aparición más espectacular. Como se trata de un oso hormiguero, difícil poder atribuirle que tenga intenciones autopromocionales.
El asunto se origina en que, el “tamanduá”, u oso hormiguero chico (Tamandua
tetradactyla) era de discutida presencia como ejemplar autóctono. Sus características de dispersión en áreas de corte subtropical lo hacían, a lo sumo, un animal “raro” de nuestra fauna.
Cuando un vecino arachán declaró haber cazado uno en la zona del arroyo de
la Mina en Cerro Largo, los especialistas prestaron atención al hecho. El
“cazador” había enviado corno donación al Museo Nacional de Historia
Natural, el cuero de un animal, desconocido para él, que habla matado en una
estancia cerca a la frontera. Su versión de la cacería era, cuando menos,
creíble.
Los zoólogos, identificaron inmediatamente al animal. Pero antes de
difundir, el aporte que con sustanciaría la documentación sobre la
existencia del mamífero como nativo, decidieron confirmar algún dato en el
lugar de la captura.
El desencanto fue la conclusión: consultas en las inmediaciones aseguraban
que él animal había sido traído desde el vecino municipio brasileño de Bagé,
donde realmente fuera capturado.
Como anécdota de bromista pesado hubiera quedado la historia. Pero sólo
unos meses después otro tamanduá, también en Cerro Largo, fue capturado
vivo. Finalmente, la aparición en el departamento de Rivera, dio fin a idas
y vueltas, aun
cuando los técnicos no dejan de considerarlo una rareza.
Así este animal, de distribución típicamente tropical y secundariamente
subtropical, ahora es reconocido como integrante, aunque sumamente
esporádico, de la fauna nacional.
DE TIERNO A PELIGROSO
“Es un bichito muy tranquilo, sumamente tímido, aunque puede ser realmente
peligroso si se enoja”, afirma Tabaré González, director de la Reserva de
fauna al pie del cerro Pan de Azúcar.
Es poco lo que sabemos de ellos: son noctámbulos casi siempre y vivan en
lugares de casi imposible acceso -explica- Se acostumbran a ser manipulados
por el hombre, si lo reconocen. Pero cuando se siente en peligro, sus uñas
pueden convertirse en armas ten fuertes como la de los grandes felinos”,
afirma.
Ejemplificando lo dicho, González ingresa a la sombreada jaula del ejemplar,
casi que entre los últimos ingresos al zoológico piriapolense, y suavemente
toma en sus brazos al animal que emite una suerte de ronroneo a medida que
despierta.
“Esta es una hembra joven a la cual un productor arrocero le pasó por encima
con arado. Cuando volvió descubrió al animal que no había visto. La atrapó
ilesa y ahora la tenemos esperando ponerla pronto en exhibición”.
Ajeno al relato, el animal se contonea en los brazos de su protector,
intentando volver a la caja de madera con nido de virutas y ramitas que fue
obligado a abandonar. “Se habitúan al contacto, son bastante dóciles
después que se acostumbran. Pero si se enoja, enseguida larga un zarpazo:
sus uñas, semejantes a garras, pueden causar heridas muy dolorosas”,
asegura.
El tamanduá es conocido desde Venezuela hasta Argentina, siendo uno de los
mamíferos de mediano porte que más difícilmente sobreviven en cautiverio.
¿El mayor problema? Precisamente encontrar la dieta adecuada.
¿De qué se alimenta un oso hormiguero en cautiverio? Claro que de
hormigas -si se las dieran- pero entretanto debe conformarse con frutas y
algo de proteína.
Un “gourmet” al que le cuesta gran trabajo conseguir su almuerzo.
Otra especie americana en riesgo de extinción
El tamanduá u “oso hormiguero chico” es llamado en otros puntos de América
“oso mielero” y también “oso minguero”. Junto a sus “primos” el “oso
hormiguero grande” y el “oso palmero”, comparten la dudosa honra de integrar
el Libro Rojo del Cites, la convención internacional de especies en peligro
de extinción.
Con hasta un metro de porte, su cola pueda agregar otros 40 centímetros a la
longitud del animal. La falta de pelos largos en la cola es lo que
diferencia al oso “chico” del “grande” y también su uso: el “chico” es capaz
de colgarse de las más altas ramas suspendiéndose con todas las patas
libres.
Los animales son de color blanco amarillento, y una extensa mancha más
oscura en el lomo y pecho conforma su característico “chaleco” oscuro.
Aunque se desplaza con agilidad entre las ramas, camina en el suelo
balanceándose como un ebrio: es que si bien sus patas traseras son
plantígradas, como las de los demás osos, apoyándolas de lleno en el piso,
las garras delanteras le obligan a pisar con la parte lateral de sus patas.
Esto evita desgastes en las largas uñas que le son imprescindibles para
escarbar los hormigueros.
Aunque a cualquiera pueda parecerle fácil y abundante la comida del
tamanduá, se equivoca. Debe trabajar como cualquiera. Es que después de
hacer un pequeño hoyo en el hormiguero tiene que apurarse a introducir su
viscosa y larga lengua de hasta 50 cms., para capturar víctimas. Las
hormigas, lejos de ser tontas, huyen al fondo de su hábitat colocándose a
salvo del predador, o desplazan ejércitos de guerreras que se abaten sobre
la mortífera lengua haciendo insoportable cualquier almuerzo.
Testimonios
Aun cuando la rareza del tamanduá en Uruguay hace inexistentes los
testimonios, su peligrosidad para los perros de cazadores abocados a otras
búsquedas es advertido ... hasta en Internet.
En (http:ven.net-fahd/osohorm.htm), distintos testigos van más allá del
mitológico abrazo mortal entre yaguaretés y osos hormigueros, relato
tradicional del norte americano, en el que ambos animales aparecen muertos
entrelazados: el oso por el ataque del gato, y este
último con las uñas delanteras del hormiguero clavadas en el cuerpo.
Cazadores más testimoniales acreditan que los osos hormigueros llegaron a
matar perros de presa, cuando fueron sorprendidos por éstos. Incluso el
relato de quien intentó salvar su perro, caído en una zanja donde habitaba
el oso, siendo también el humano atacado por el pacífico comedor de
hormigas., sufriendo heridas que ameritaron intervención quirúrgica.
Daniel Martínez Soto - El País - 9 de agosto de 1999.
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