Letra de Enrique Cadícamo Música de Mariano Mores Compuesto en 1939 Cuando compuso esta música, Mariano Mores era un jovencisimo pianista que acababa de incorporarse en la orquesta de Francisco Canaro. Lo grabó la dicha orquesta en enero de 1940, con la voz de Ernesto Fama. Francisco Lomuto lo había hecho días antes, con la voz de Fernando Díaz. Gime, bandoneón, grave y rezongón, en la nocturna verbena. En mi corazón tu gangoso son hace más honda mi pena... Con tu viruta sentimental vas enredando mi viejo mal, mi viejo mal, lo que me ha dejado enamorado, arrinconado y olvidado para siempre... Sin una sola caricia que mi tristeza mitigue, su risa mala me persigue y me persigue mientras sigue tu responso, bandoneón. A quién le puede importar, che, bandoneón, que he sido bueno... A quién le puede importar el novelón del mal ajeno... Si a ella que fue mi ilusión no le importó mi abatimiento, a quién le puede importar, che, bandoneón, mi sufrimiento... Suena menos gris, tango, para mí... Sé que jamás ya la encuentro. Te saldré a bailar para disfrazar el drama que llevo adentro... En otros brazos me engañaré, en otras bocas me aturdiré aunque sus ojos y su risa me persigan y me sigan y me digan que la quiero... Iré a borrar el fantasma de aquel amor siempre atento... Así termina el lamento y el tormento de este cruento sufrimiento, bandoneón. |
Recopilación: carlos "el judio"
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Hoy vuelves del recuerdo, madre mía, envuelta en la penumbra del pasado, trayendo la nostalgia de los días que en horas de placer hube olvivado. Y al ver que fue tu amor, tu amor perdido, el único cariño sin engaño, te llora más el corazón vencido y busca en el olvido tu palabra de perdón. En el silencio triste de mi fracaso, resuenan tus canciones, rondan tus pasos. Y siento que retornas pálida y buena, para borrar las penas de mi soledad. Y en el milagro extraño de ser tu niño, revivo la presencia de tu cariño. Perfume de tu pelo, luz de tus ojos, calor de tu consuelo, rumor de tu voz. Vendrás, siempre vendrás, a consolar mi mal cuando mi cerrazón busque luz, cuando mi corazón te nombre más. Y sé que volverás la mano en bendición, trayendo tu perdón en un beso de paz. |
En su primera versión, ésta era la letra:
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Hoy vuelven a mi mente, madre mía, envueltos en nostalgias del pasado, esos dulces momentos de alegría que en aras de placer hube olvidado. Y al ver que fue tu amor en mi camino el único cariño sin engaño, se agranda el mal que me causó el destino cuando en la tarde aquella para siempre te lleva. Y en la piecita blanca de mi pobreza se junta tu recuerdo con mi tristeza. Y al ver que estoy tan solo, madre del alma, para buscar la calma me pongo a rezar. Recuerdo, madre amada, cuando era niño y gozaba de la dicha de tu cariño. Cuando estaba librado de los dolores que hoy marchitan las horas de mi juventud. Volvé, madre, volvé a consolar mi mal. Que sólo si tú vuelves podré alejar mi dolor y mi pesar: o si no desde allá dame tu bendición, tu santa bendición con un beso de paz. |