Una grabación del Trío Argentino: Irusta, Fugazot y Demare.
A la luz de un farol,
junto a un zaguán,
chamuyando de amores,
besando están
parejitas que pintan
con su pasión
alma del arrabal.
Y al torcer de una esquina,
junto a un portal,
dos cuchillos filosos
se ven brillar,
son dos hombres que luchan
por conquistar
un amor de arrabal.
Y al compás de un tango compadrón,
solloza un bandoneón,
hay baile en la cantina.
Y una milonga encierra en su llorar
el triste palpitar
del reo y de la mina.
¡Oh, dulce tango, milonga divina,
tenés poder de fascinar!
Hacés llorar, llorar; reír, reír,
no se te puede a ti olvidar.
Por la esquina de enfrente,
pasando va
Juan Julián el pesao,
del arrabal,
que está loco de amores
por Julia Ester,
la flor de aquel lugar.
Pero la que él pretende
metida está
con un mozo de nombre
y muy galán
que la empilcha y pasea
en su sedán
engrupiendo su amor
Y al compás de un tango compadrón...
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