Fue una esquina mimada, paredón sin ochava recalada de amigos, de bohemios y tours. Con la magia encendida de su fe trasnochada alumbrada de tangos a la vera del sur. Se marchó la piqueta, no entendió tu presencia, no perdona el progreso con su espada de luz. Pero donde a Balcarce la cruza Independencia brotan duendes de tangos con los brazos en cruz. Y aún estás aquí peleando por vivir. Que empiece la función, el piano y el violín, que siempre está de pie donde hay un corazón con alma de farol, Viejo Almacén. Allí estás con las alas lastimadas de tiempo, tu destino de tangos, tu final de gorrión, soportando la dura realidad del cemento que no llora, no ríe, que no pide perdón. Vámonos de este tiempo que llegó la gran vía con su traje de día y el apuro en la piel. Vámonos al recuerdo que vive todavía, el calor, la poesia, de aquel Viejo Almacén. |