El sueño de las aspirinas cuadradas
Hombre que supo serasunto muy serio pa' los dolores, Supositorio Supuesto.
Dolorido y quejoso, cuando no estaba en un grito era porque andaba ocupado en un lamento.
Hombre complicado pa' los dolores, cuando se atacaba de la muela
le dolía el codo, cuando se torcía un tobillo se quejaba de
una muñeca, y así por el estilo.
Todo cambiado, sin un criterio pa' los síntomas.
Y una noche cayó por el boliche El Resorte, justo cuando estaba la Duvija
cortando un quesito duro con hacha, y en aquel rincón el tape Olmedo
paladeaba un vasito de vino, y Rosadito Verdoso comía unos higos y los
demás estaban en nada.
Supositorio Supuesto dentró, saludó, se acodó, pidió una cañita y se quejó.
¡Ay!
¿Estrenando algún dolor nuevo, don Supositorio? –preguntó la Duvija y le
ofreció un quesito recién astillado.
¡Ay! –repitió Supositorio.
El tape Olmedo se le acercó pa' colaborar.
Y digo yo, vecino, y sin ánimo de meterme en el cada qué de su cada cual,
¿qué cosa le viene doliendo pa'l quejido con lamento?
No sabría decirle, vecino, pero de aquí p'abajo –y se puso la mano en la
cabeza– de aquí p'abajo, todo, y además el cuerpo.
La Duvija le acercó otra copita con mermelada, y preguntó:
¿No probó con aspirina?
Tengo intentado, cómo no, pero con los nervios se me caen y se me ruedan.
Anoche me la pasé atrás de una que se me rodó tres veces.
Pa' pior, medio en lo oscuro, se me ganaba abajo del catre, y cuando la veía blanquita,
como un ojito redondo que me miraba, la quería acercar con el mango del
rebenque, y vuelta a rodarse pa'l lau de la cocina.
Pa' mí, la aspirina tendría que ser cuadrada, porque así no se rueda, y después que se toma una, y de mientras se le calman los dolores, uno se entretiene con las otras haciendo
casitas, o capaz que les hace unos puntitos y se fabrica un dominó en
miniatura pa' jugar con un vecino.
El hombre sacó aspirinas y se le rodaron por el mostrador, como si jugaran
carreras. Azulejo Verdoso se las juntó, le hizo tomar una, y a las otras, con
un cuchillito, las hizo cuadradas. Después les marcó puntitos negros, del uno
al seis, y al rato estaban jugando al dominó, contentos y locos de la vida.
La Duvija los miraba, y acariciando al gato barcino, comentó:
Se ve que la aspirina, como jugando, al dolor, lo dominó.
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