Hombre que supo estar atento por miedo a las invasiones, el viejo Baraté, que dos por tres se asomaba a la ventana de su rancho, y si veía llegar gente de otro pago les chumbaba los perros, les tiraba buscapié entre las patas, les abría zanjas llenas de cocodrilos y les mandaba bandadas de cotorras para que les pasaran por arriba en vuelos rasantes y les
hicieran caca. No era mal vecino, pero tenía eso.Enemigo de los forasteros, porque según él, la persona que no era nacida por allí, no se la conocía, y si no se la conocía no se sabía qué pensaba, ysi no se sabía qué pensaba capaz que pensaba diferente,y eso era un peligro, decía. Una disgracia pa las hijas, porque las muchachas se interesaban en algún galán de otros pagos –que son los más interesantes porque a los de la zona ya se los conoce demasiado y no hay una curiosidá pa nada-, y resulta que el Bataré viejo se los espantaba.
-¡Con lo que cuesta tener una curiosidá hoy en día! Taban en eso cuando va y cae el viejo Bataré, que no era de frecuentar, pero va y cae, y a lo que ve a la yunta de forasteros va y se encocora, y le viene como un ataque de xenofobia, y va el viejo y no tolera aquello y los quiere echar del pago. Fue cuando va el tape Olmedo y le dice, le dijo al viejo. -Vea don –le dijo y le hizo señas a Rosadito Verdoso pa que no se apurara a reventarle un higo en la frente- vea don –le dice- usté en su rancho propio de su casa suya, es dueño, y si un suponer no quiere que le dentre pájaro de plumaje diferente a sus canaritos flautas, usté verá cómo les impide el vuelo, pero acá, no señor.
Ahí el viejo quiso levantar el gallo, y Rosadito Verdoso le apuntó con un higo,
pero al cerrar un ojo, con el otro lo vio clarito al higo, maduro, a punto, un
bocado pal placer de cualquier apetito gustador de las finuras, un fruto de la
vieja y querida higuera de allí nomás, un higo que no se merecía terminar
estrellado contra aquella frente, sino que debía cumplir con el destino que le
había señalado la naturaleza. Entonces, se lo comió. Los forasteros de la risa,
como llegaron se fueron, a las carcajadas, y atrás el viejo, rezongando contra
los invasores. Fue cuando el tape Olmedo comentó: |