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Que las hijas eran cuatro, a saber: Vidalita Amarga Formol, Milonga Depre Formol, Chacarera Penosa Formol y la susodicha Zambita Triste Formol, casada con Velatorio Mortajo, que pa'l fútbol era una disgracia. El viejo Formol supo casar a las hijas una vuelta que le vino un ataque de criterio y sentido común, porque las hijas eran muy de andar de novias, y los gauchitos atracaban al rancho del viejo Formol, y como quien no quiere la cosa se le ganaban en la cocina y le comían todito, y hasta le fumaban el tabaco, porque el viejo era de armar con hojilla y dejar a la vista, cosa que no se debe hacer porque hay mucho abuso de gente que comenta que está dejando de fumar, pero si ve tabaco en banda apenas si le dice permiso y echa mano.
Y el viejo Formol se cansó, hizo un corral de piedra con alambre de púa, esperó a que fuera domingo y le cayeron los gauchitos a visitarle las hijas y los comestibles, y cuando los tuvo cerca les largó los perros, que eran baqueanos pa' encerrar bichos en el corral, y revoleando el poncho y a los chiflidos, los embretó. Allí les habló, les explicó cómo era la cosa de los límites y de los abusos, les comentó lo mal que hace el tabaco cuando se pita de garrón, y los tuvo hasta el lunes vigilados por los perros y tempranito los llevó pa'l pueblo y los hizo casar. Dicen que el viejo los trató bien, que impresionaba un poco por el asunto de la escopeta que se le vio asomar entre los pliegues del poncho, y un facón que le relumbraba en la cintura, y una espuma que le salía de la boca, pero nada más. Fueron cuatro matrimonios de apuro, y se comentaba que fueron felices, a no ser el problema de Velatorio Mortajo, que pa'l fútbol, resultó, francamente, una disgracia. |
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