La vaca no es bicho de altura Hombre que supo ser
asunto serio para contar las películas del biógrafo, ahura que me viene a
la memoria el Pocholo Fomento, casau con Mantecosa Gotera.
A la mujer lo conoció a la salida del biógrafo del pueblo, que al
Pocholo lo dejaban entrar gratis porque era el que repartía los programas
casa por casa, y eso a la muchacha la deslumbró, porque era como si el
Pocholo perteneciera a la farándula, como si fuera artista, como quien
dice una estrella de cine, que para ser norteamericano lo único que le
faltaba era hablar. El Pocholo era un peligro, porque donde caía el
Pocholo, ahí el Pocholo se ponía a contar alguna cinta de biógrafo y no
había quien lo parara.
Y una vuelta el Pocholo cayó por el boliche El Resorte, pidió
una gaseosa, le sirvieron una cañita, y al primer trago ya arrancó a
contar. Como era la primera vez, la gente del boliche lo respetó y algunos
hasta se interesaron, en especial la Duvija, porque para ella los artistas
eran una cosa soñada como adelgazar comiendo de todo. Y el Pocholo contó
una de aventuras, del biógrafo catástrofe, que según él, traducida al
castellano se llamaba "No dejemos que abuelita se suba al techo". Cuando
le preguntaron cómo era, él contó: - Se trata de una vaca holandesa que
la llevan pa un concurso de café cortado y con espumita, pero en los
cuernos de la vaca llevan un contrabando de diamantes y los agarra una
tormenta a trescientos mil metros de altura. - ¿Cuántos metros dijo el
señor?. - Pongalé mil y pico. La cosa es que los agarra bruta
tormenta, y la azafata se pelea con el piloto porque le encuentra una foto
de la mujer y los nenes, y pa vengarse le afloja un tornillo al avión, y
cuando les pasa un rayo cerquita se le cae un ala y la vaca se pone
nerviosa por el zarandeo y porque se apuna, porque la vaca no es bichito
de altura. Ahí el avión se llena de pánico hasta los topes y la gente
grita mientras una monja reza, un nene muerde un osito hasta que el osito
lo muerde al nene, y aparecen unos músicos y tocan el viejo tema "Agarrate
Catalina que vamos a galopar", de un recordado autor anónimo de grandes
éxitos.
En el Resorte había una calma chicha, de las que asustan porque son
señales de que la cosa se viene. Y el Pocholo siguió contando que la vaca
se mareaba, y que en una sacó la cabeza por una ventanilla y desde una
avioneta le manotearon los cuernos con los diamantes, y de repente se le
entreveró con otra película y resulta que la vaca era un espía ecuatoriano
disfrazado para matar a Robert de Niro que era una viejita que vivía en un
sótano con un sobrino de Superman que había sido piloto de un Jumbo 707 en
la primera guerra mundial. Y hasta ahí nomás lo dejaron contar, porque
Rosadito Verdoso le reventó un par de higos en la frente, lo sacaron para
fuera y se acabó la función.
Después, el tape Olmedo comentaba. - Se lo merecía, porque los
animalitos vacunos no son pa juguete. El fumigador, que había llegado a
pedir un vaso de agua porque era la hora de la pastilla, agregó: - Y
los aeroplanos tampoco. |