EL MARCADOR
- Hombre prolijo pa'
sus cosas, aura que dice, Derrepente Miranda, el menor de los Miranda, que
ten?a un ojo revirado desde una vez que lo chist? una lechuza, ?l fue
hasta el poste a ver que quer?a y lo pic?.
Un hombre incapaz de quedarse con algo que no fuera de ?l; si le ca?a
alg?n perro a las casas galoiaba de rancho en ranchopa' saber si era perro
escapado, perdido o vago nom?s. Si ve?a mulita, la dejaba pastar hasta
que se enllenara y despu?s la segu?a hasta la cueva. Si ten?a cueva en
campo vecino, ni la tocaba. Pa' no andar con problema, ten?a marcados
todos los animales. Una guelta, Sinequanon Lotiro estaba matiando de
visita, se puso a olfatiar y le pregunt? a la mujer del marcador: - no
halla como que hay olor a pluma quemada ? - S? - rispondi? ella, es mi
marido que est? marcando gallinas. En una oportunid?, en el boliche
El Resorte, estaban la Duvija, el tape Olmedo, Apol?tico A,
Diosnoslibre Menos y el pardo Santiago, cuando va y llega Derrepente
Miranda. Hombre de vaso propio pa' no confundir, sac? del bolsillo de
atr?s y pidi? un vino pa' acompa?ar. Se estaba tomando parejo. El tape
Olmedo a lo que vi? que el orto pelaba el vaso de la cintura, fue y dijo:
medio sobrando, agarra y dice: - hombre que echa mano pa'l lau del
cuchillo y saca vaso no ten?a visto, pero no ha de ser de cuidado.
Despu?s de mandarse un trago, Derrepente Miranda coment?: - cada
paisano en su vaso es el modo de tomar. La Duvija, loca por los
refranes querd? como embobada. Al ratito el pardo Santiago dentr? a
ponerse desinquieto, a sacudir el aspecto de la persona como caballo con
t?bano, hasta que se dentr? a rascar el lomo con el filo del mostrador.
una rascada que hubo que sacar los vassos pa' que no volcaran. - Pulga
ser? ? - pregunt? el tape Olmedo. - Clavau que pulga ! - dijo el pardo
Santiago en un quejido. - Raro - apunt? el tape - porque hasta hace un
ratito no hab?a, as? que alguien la trajo. Le brillaron los ojos a
Derrepente Miranda, y le peg? el grito al pardo: - no la reviente
contra el mostrador ! Tenemo que cazarla viva, y vamo a ver qui?n se anima
a decir que soy hombre de andar repartiendo pulgas por los boliches.
Todo el mundo dentr? a revisar al Pardo Santiago, que no se estaba
quieto. Revolcados por el suelo era el griter?o nom?s: - Aguantel?,
pardo, aguantel? que ya la tenemo ! Qu?dese quieto, pardo, no la
espante ! El tape fue el que la encontr? y la Duvija la que le ech?
mano. Cuando la mostr? a Derrepente Miranda se le cay? la cara de
verguena. En el anca de la pulga, clarito, se ve?a la marca de su
propied?. |