Al acostarse se patinaba en la sábana con brillo
Hombre que supo tener problemas con las cosas importadas de importación, aura que dijo y me viene a la memoria, un tal Gallineto Gatillo, hijo del viejo Gatillo, que al viejo le tenían prohibido el aceite pa que no se disparara.
Gallineto se casó con Furibunda Mansa, que a ella se le antojó tener cama con sábanas importadas y de nailón, de las brillosas, y el marido las quería de crea cruda y con las iniciales bordadas porque le gustaba leer en la cama.
Pero ella fue y le dijo en la propia cara, mirá Gallineto, le dijo, vos sos un
anticuado y un ridículo, eso es lo que sos vos, porque pa que sepas, le
dijo, ahora se usa la sábana de colores y de nailón, ¿me oíste ambobáu?, le
dijo.
Gallineto estuvo a punto de doblarle una espumadera en el lomo, pero se
aguantó pa no empezar el matrimonio con desperfectos de vajilla. Así que
compraron dos juegos de sábanas de colores y nailón, y ella tendió la cama
de sábana bien tirante, que aquello parecía un espejo.
Ni bien Gallineto se tiró en la sábana pegó una patinada que salió como
chijete por una ventana.
Por eso fue que una vuelta el hombre no aguantó más, sacó la sábana de
abajo y la puso en la mesa, como mantel. Era un lío, porque se sentaba a
comer y al verla le daba sueño.
Y una noche, estaban comiendo, cuando un redepente se abre la puerta, se
apaga el farol, se oye un ruidaje extraño, y vuelan platos y cubiertos pa
todos lados.
Cuando Gallineto prendió el farol, miran así, y el mantel no estaba.
Ahí corrió pal cuarto a buscar la escopeta, y volvió sin la escopeta
porque se acordó que no tenía escopeta.
Mientras la mujer gritaba en un solo grito, el hombre se fue hasta el boliche El Resorte y contó todito lo que le pasaba con la sábana.
El que más el que menos, opinó.
Pero el que la embocó, fue el tape Olmedo, porque fue el que dijo, dice:
Eso ha sido fantasma moderna.
Pa mí, lo que tiene que hacer, es poner la otra sábana de mantel, pero clavarla a la mesa con tachuelas.
Usté clava con tachuelas, y dispués viene y me dice.
Dicho y hecho.
Pa la otra noche Gallineto puso sábana de nilón como mantel, pero bien clavadita con tachuela.
Taban comiendo, cuando otra vez se abre la puerta, se apaga el farol, pasa todo aquello, y cuando Gallineto prende de nuevo, miran así, y la mesa no estaba.
Salió con la mujer, y la encontraron en el patio, trancada contra unas macetas.
Miran abajo, y ahí, acurrucadita, hecha un ovillo, estaba la fantasma en un temblor de
vergüenza y miedo.
A Gallineto y señora les dio una lástima, que le regalaron un juego de sábanas de nilón y la despidieron con un «disfrutelás con salú».
En noches de luna, dicen, se la veía brillar alegre y juguetona.
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