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No paso mucho tiempo sin que en el Montevideo recien fundado apareciera un crimen pasional, y de los buenos: por celos y con deguello.
En un mal dia de enero de 1748, una desdichada vecina, (fundadora de nuestra ciudad), llamada Josefa Martinez, fue ferozmente degollada por su marido. La pobre mujer habia llegado a Montevideo cuando tenia 18 años de edad, entre el nucleo de pobladores canarios que vinieron, seguramente ilusionados, a estas playas. Jamas habria sospechado Josefa, por cierto, el destino que en este sitio le aguardaba.
Oriunda de Tenerife, conocio aqui un soldado de Buenos Aires, Jose de Mitre, ocho años mayor que ella, que habia llegado a nuestra peninsula antes de la fundacion, formando parte de la guarnicion militar que aqui aposto Zabala en prevision de incursiones lusitanas. Al casarse este Mitre con la canaria Josefa, reclamo su calidad de fundador, que le fue reconocida; y asi se le adjudico un solar en la ciudad, una chacra en el Miguelete y una estancia en Pando. El matrimonio llego a tener siete niños y, segun creencia de todos los vecinos, componian una pareja apacible y bien avenida, de solida situacion economica. Hasta que, para sorpresa de todos, ocurre el espantoso crimen en aquel verano tragico del 48.
Pero el rapto de ferocidad que impulso a Mitre a degollar a su esposa, no paro ahi. Tambien hirio de gravedad a un vecino, Jose de Silva, un portugues de 33 años; y en seguida se abrio el mismo el vientre con su cuchillo, infiriendose unas cuantas puñaladas.
Claro es que podria suponerse que este Silva nego toda vinculacion con la victima para salvar a esta de la tacha de adulterio. Sin embargo, aparecio una segunda version, que debilita la tesis de un crimen pasional; dos compañeros de armas del homicida, el sargento Manuel Duran y el alferez Jose Gomez, declararon que, con anterioridad, Mitre
habia dado en varias ocasiones muestras de demencia; al punto de que cierta vez, el Alcalde tuvo que mandar que se lo maniatara (como se hacia entonces con los enfermos mentales) y se lo encerrara en presidio.
En cualquier caso, nuestro incipiente Montevideo, a veintidos años de fundado, fue testigo espantado de esta tragedia conyugal, que dejo huerfanos a siete chiquilines muy pequeños, de cuyo destino posterior nada nos cuenta la cronica de la epoca.
"Boulevard Sarandi" de Milton Schinca. |
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