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Artigas optó por seguir viviendo hasta el final de sus días en la campiña de Ibiray. En su amado sosiego no aceptó la invitación del General Paz para acompañar a éste a Corrientes en sus luchas, ni el cargo de instructor del ejército paraguayo con que quiso investirle don Carlos Antonio López en la contienda con Juan Manuel de Rosas. El sol ya había declinado y era inútil abrir la jaula... Itapúa, recogimiento transitorio en el convento de Asunción, años y años en la campaña de San Isidro, cárcel sin rejas y alma derramada en el olvido; luego seis meses de prisión y liberación tardía en Ibiray, a las puertas de Asunción . Consecuentemente con los años, Artigas ya es " la imagen de un monumento en ruinas ".
Por eso sale poco y se recoge al atardecer . " De vez en cuando, ya muy anciano, montaba en un petiso manso y acompañado del fiel negro Martínez venía a la Asunción a visitar a doña Juana Carrillo, esposa de don Carlos Antonio López.
EDUARDO DE SALTERAIN Y HERRERA |
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