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Planteada en el Río de la Plata, la situación de beligerancia entre
Portugal y Artigas, este, no poseyendo una flota que pudiera atacar con
éxito las naves del invasor, creó el arma que debía destruirlo, sin
enajenar una parcela del territorio de la Provincia y menos de su
soberanía.
Recurrió al corso. Lo autorizó para diezmar el comercio adversario. Arma
de tremenda importancia en manos de capitanes esforzados, decidió
utilizarla. Fue el recurso de la necesidad, justificado por el derecho y
porque sus adversarios también lo aplicaban. Era por otra parte el
recurso de los pueblos débiles y desprovistos de fuerzas contra los
poderosos.
Salieron de Purificación, armados en guerra, los primeros corsarios que
arbolaron el pabellón de guerra del Protector de los Pueblos Libres,
para mostrar al mundo la existencia de una nación pequeña que se
resistía contra un imperio poderoso y, que en uso de sus derechos
inalienables, atacaba al invasor y lo hostilizaba usando de todos los
recursos a su alcance en aguas libres o enemigas. Fueron el "Sabeiro" y
el "Valiente". Artigas ofició al Cabildo de Montevideo, informando del
acontecimiento e indicando la conveniencia de que se alentara todo
intento en ese sentido: "Conviene autorizar el corso, expidiendo la
correspondiente patente para hostilizar a los portugueses por mar".
Esas directivas del Jefe de los Orientales referentes a la organización
de una fuerza naval corsaria en el Río de la Plata, fueron seguidas, no
solamente por las autoridades de Montevideo sino también por las de la
Colonia del Sacramento. Este puerto se convirtió, por imperio de las
circunstancias, en el centro corsario de la Provincia Oriental. Su
prolongada resistencia al invasor y su privilegiada posición geográfica,
lo capacitaron para constituirse en el nucleo de resistencia naval
contra los efectivos de Portugal.
La diligente actividad del comandante de la Plaza, Juan Antonio
Lavalleja, llevando a la realidad las órdenes de Artigas, permitió a la
Colonia del Sacramento, tomar esa característica con que la destacamos.
Como primera faz de su actividad se debe establecer el cumplimiento de
las órdenes de Artigas destinadas a dificultar las actividades, que en
los puertos de las provincias, llevaban a cabo las naves de Buenos
Aires. Por la "Circular a los Pueblos de la Convención", dispuso Artigas
el cierre de los puertos de la Liga Federal al comercio bonaerense y el
embargo de todos los barcos y mercaderías que ellos transportaran,
justificando su medida porque: "En medio de ntros. empeños contra esa
Potencia - Portugal - Bs. Ay.s mantiene una conducta criminal
manteniendo su comercio y relaciones abiertos con Portugal".
Buenos Aires sintió rudamente el efecto y el Director Supremo oficiaba a
José de San Martín expresando: "Los portugueses consiguen ventajas en
todas partes sobre Argentina, y este genio infernal acaba de embargar
todos los Buques de esta Banda y cerrar todos sus puertos a pretexto de
que no tomamos parte en su guerra". Juan Martín de Pueyrredon reclamó
ante el Comandante de la Colonia por estas medidas, advirtiendo que el
emisario llevaba órdenes expresas de esperar solo cuatro horas la
respuesta.
Lavalleja por sola contestación se limitó a remitir una copia de la
circular ya mencionada, y a activar los preparativos navales que
completarían las órdenes del Jefe de los Orientales. Los barcos
mercantes de Portugal entraban normalmente en Buenos Aires y contra
ellos se dirigió el esfuerzo represivo de la Comandancia. Así, fueron
armados y autorizados por Lavalleja, los corsarios que atacaron ese
tráfico mercante, que contaba con la cómplice tolerancia del Directorio.
Las incursiones de estos corsarios alarmaron a las autoridades de Buenos
Aires y Don Juan Martín de Pueyrredón, con fecha 25 de noviembre de
1816, oficiaba a Don Miguel Barreiro, denunciando el crucero que
realizaban: "Dos buques menores armados en corso se hallan actualmente a
la vista de esta Ciudad."
Al acatar la autorización, denunciaba su origen y caracter, manifestando
"q.e son procedentes de la Colonia del Sacram.to y que no tienen otra
autorización q.e unas patentes expedidas p.r el Com.te militar de aquel
Puerto". Eran las famosas Patentes de Corso otorgadas por Lavalleja.
Usando ese tono tutelar y áustero con que Pueyrredón sabía revestir de dignidad sus actitudes, expresaba: "Es verdad que la invasión injusta de
los Portugueses autoriza suficientemente a esos habitantes del mismo
modo q.e al resto de las Provincias, para ocurrir a todos los árbitrios
de hostilizarlos, y le es muy satisfactorio a este Gob.no ver
generalizado a todos los Pueblos ese esfuerzo de amor Patriótico. Mas es
necesario q.e demos a la guerra todo el aspecto de dignidad q.e es
debido ..."
Calificando de espúrias las autorizaciones de Lavalleja manifestaba que
"las Patentes del Com.te de la Colonia no pueden legitimar el corso q.e
se hace por d.chos b.ques inmediato a las costas de mi mando y ellos
provocan sobre sí las providencias precautorias q.e se hacen precisas
contra la Piratería". A continuación invitó al Gobierno de Montevideo a
celebrar con el de Buenos Aires un convenio especial que determinara las
condiciones en que el corso debía ser autorizado. De lo que
deliberadamente no se daba por enterado el Director Supremo y en ello
radicaba la falsedad de su posición, era que tan subalterna de Artigas
era la autoridad de Montevideo como la de Colonia, y que no cabía
distingos entre ambas. Finalmente Pueyrredón, al negar eficiencia legal
a las patentes otorgadas por Lavalleja, manifestaba la imposibilidad de
"reconocer otras patentes q.e las q.e expida la Autoridad Superior a q.e
obedecen los Pueblos de esa Banda" y que por ello "los corsarios q.e se
encuentren sin este requisito estarán fuera de la protección de los
Buques de Guerra de este Gob.no y no gozarán en tierra de protección
alguna".
Las dos naves a que se refería el Director Supremo en su reclamación, se
han podido identificar gracias a la información sumaria que se mando
instruir en Buenos Aires, con fecha 30 de noviembre, con motivo de la
circulación de la noticia del cierre de los puertos federales al
comercio porteño. Ante el representante del Ministerio de Guerra Don
Juan José de Echevarría, declararon los capitanes de los barcos que
arribaron de la Colonia, manifestando uno de ellos, Nicolas Martel,
Patrón de la "Panchita", "que los corsarios orientales son dos goletas,
que los mandan unos ingleses llamados Licht y Brown, salieron de la
Colonia el uno el jueves y el otro hiva a hacerlo ayer tarde para
Montevideo, según decían después de haver apresado el Bergantín Portugués Pensamiento Felis, que quedaba en la Colonia". Esta
información fue ratificada por el Patron de la "Fortunata", Domingo
Palles, quien manifestó que el Comandante de la Colonia lo puso "en el
cepo, sin duda porque llevó a un individuo que fue de aquí a reclamar la
carga que hiba en el Bergantín Pensamiento Felis, que apresó uno de los
corsarios que allí hiva". El propio Director Supremo reclamó el barco y
la carga ante las autoridades de la Colonia y esa es la causa de que
podamos determinar el nombre del corsario apresador que lo era la goleta
"Banda Oriental".
Esos corsarios el 6 de Octubre, apresaron a la "Santa Rosa de Lima",
barco que fue conducido a Purificación y destinado al tráfico comercial
del Río Uruguay. El año 1817, a raíz de la caída de Montevideo en poder de las fuerzas de Portugal, significó para Colonia del Sacramento el
momento de máxima importancia, ya que ese fue el punto de destino de las
presas de los Corsarios de Artigas.. El General Carlos Federico Lecor,
denunciaba a la Secretaría de Estado, que allí se dirigía el producto
del corso: "me informaron que en aquel puerto se hallaba apresada la
goleta 'San Joao Baptista' que de aquí había salido con bandera inglesa
por orden de su propietario".
Lavalleja, al tener conocimiento de que dicha embarcación había recalado
en la Barra del Sauce, destacó las fuerzas que obtuvieron su
apresamiento y la conducción a la Colonia del Sacramento. El general
portugués decidió tomar la ofensiva para aminorar los perjuicios que le
causaba el corso de la Colonia. Dispuso que la escuadra realizara la
policía del río: "que visiten todos los barcos que encuentren y que en
caso de que lleven armamento no lo fueran a venderlos a Artigas por
Colonia o por el Uruguay".
Dispuso igualmente expediciones punitivas, que tuvieron como objetivo,
la destrucción del poderío del puerto corsario, ordenando a la escuadra
"que entrase en el Puerto de la Colonia, retomase la goleta "San Joao
Baptista" si allí estuviese todavía y apresase al corsario que allí se
esperaba". El 15 de junio de 1817, informaba de los resultados de su
golpe de mano: "en esta bahía acaba de entrar un lanchón, un diate, una
balandra, la cual contiene 50 barriles de pólvora cuyas embarcaciones se
hallaban en el puerto de Colonia y fueron tomadas por el Comandante de
la flotilla como buenas presas".
De Colonia del Sacramento zarparon, luego que se incorporaron al corso artiguista, los marinos norteamericanos y franceses, dos naves, cuya importancia en la campaña corsaria que se desarrolla en el año 1817, fue fundamental. De allí se hicieron al mar el "Irresistible", comandada por el mas afortunado capitán artiguista Don Juan D. Daniels y la "María", cuyo capitán Don Pedro Doutant infringió graves pérdidas al comercio portugués que se desarrollaba entre Montevideo y Río de Janeiro. El generalísimo portugués para salvar a la navegación lusitana de tan graves asechanzas (sic), dispuso el bloqueo de la Colonia del Sacramento, operación naval que estuvo a cargo del Capitán Noronha hasta la rendición de la plaza en el año 1818. Las Campañas Navales de Artigas - Agustín Beraza - Montevideo 1949. |
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