Pérdidas de la marina portuguesa
  La prensa de la época y los historiadores portugueses y brasileños, señalan claramente el papel que los corsarios artiguistas desempeñaron y los perjuicios tremendos que sufrió el comercio portugués. El tráfico de esta nación sufrió perdidas cuantiosísimas, pues los corsarios lo atacaron en todas partes, e hicieron presas de extraordinario valor, tomándose grandes navíos que hacían la carrera entre las Indias y Lisboa. Los historiadores portugueses y brasileños al hacer la historia de tal período se expresan con acritud sobre la campaña corsaria. Juan M. Pereira da Silva por ejemplo manifiesta:

"Artigas decidió armar corsarios que devastaran los ríos y mares y causasen daño considerable al comercio brasileño. Armó, equipo y despacho en la Colonia del Sacramento algunos navíos con cartas suyas, que llevaron a cabo una serie de aprehensiones de barcos mercantes que levantaron las quejas de los súbditos de Juan VI. Pasaron así los corsarios del Río de la Plata y mares adyacentes del Océano Atlántico que infestaron entera y audazmente, perturbando y perjudicando el tráfico de los súbditos de Don Juan VI y, con particularidad, los viajes recíprocos entre Portugal y Brasil.

Tornáronse notables en esta práctica y usos condenados por la moral y el derecho de gentes, los pueblos americanos del Norte, y con especial verguenza, los moradores de la ciudad de Baltimore en la República de los Estados Unidos. Armábanse allí equipábanse y tripulábanse navíos veleros que levantaban en el mar la bandera de Artigas, munidos de Cédula Corsaria proporcionada por las autoridades artiguistas, cruzando por todas partes como corsarios orientales en procura de las embarcaciones mercantes portuguesas a cuyo bordo encontraban recursos abundantes y valiosos cargamentos.

Las plazas de Río de Janeiro, Pernambuco, Bahía, Oporto y Lisboa, sufrieron pérdidas y daños lamentables. Vieron casi a la vista de sus barras y fortalezas hacer presas que la miserable especulación americana cometía con toda desaprensión. Llevábanse las presas a los puertos de las islas del Golfo de Méjico y para las bahías de los Estados Unidos.
Recibíanlas los habitantes de Baltimore como objeto de negociación legítima y medrábase a costa de la propiedad y de los bienes de los súbditos de un soberano con quien estaban en paz y armonía, para con quién debían guardar la mas estricta neutralidad. Vendíanse publicamente cargamentos y navíos con la mayor imprudencia e ignominia"

La gravedad de la situación que se reseña, queda puesta en evidencia con solo mencionar que un capitán corsario, Juan D. Daniels, desde que zarpó de la Colonia con la Cédula Corsaria proporcionada por las autoridades artiguistas, en el mes de junio de 1818, hasta su incorporación a las fuerzas navales de Venezuela, en un período de catorce meses, realizó treinta apresamientos de naves españolas y portuguesas y, a su arribo al puerto de origen, depositó en el Banco de la Marina de Baltimore la suma de 200.000 dólares en oro amonedado. Pero junto con el "Irresistible" del Capitán Daniels, actuaban en el océano "La Republicana", comandada por Obadiah Chase, "La Nueva Republicana" del Capitán Clemente Cathill, "La Fortuna" de Tomas Taylor, el "Artigas" comandado por el Comodoro Champlin, la "Constancia" de Adam Bond y el "Lijero" de Morgridge. La actuación de estos corsarios artiguistas y los perjuicios que causaron al comercio de España y de Portugal se expresa de la manera mas acertada manifestando que las presas tomadas por ellas alcanzaron el número de sesenta en el año 1818.

Pero lo importante es destacar que esa destrucción y perjuicio fue llevada a cabo por una escuadra que en total desplazaba apenas mil toneladas. La prensa de la época, en especial la portuguesa y la norteamericana, se ocupaba repetidamente de la actividad de los corsarios de Artigas, formulando comentarios muy interesantes sobre las actividades de los barcos y en torno de sus capitanes.

La "Gazeta de Lisboa" y el "Evening Post" de Nueva York demonstraron en sus crónicas poseer un muy exacto conocimiento de todo lo relativo al corso. Cabe destacar como acontecimiento principal del final del año 1818, el riguroso bloqueo que los corsarios realizaron de los puertos que correspondían a las Capitanias de Maranion, Ceara, Río Grande del Norte, Pernambuco y Bahía.

Para liberar a sus barcos del ataque corsario, el gobierno portugués recurrió al medio de organizar convoyes protegidos por las naves de guerra. Era el único árbitrio que restaba para lograr mantener la comunicación comercial entre Brasil y Lisboa. Fue frecuente la publicación de "Avisos" a los comerciantes anunciando la partida y el destino del convoy que se organizaba.

Los apresamientos y pérdida consecuente de las mercaderías, tuvieron una repercusión mucho mas grave, que es precisamente la que nos prueba a que punto alcanzaron aquellas pérdidas: el alza desproporcionada de las primas de seguros de mercaderías en viaje, de o para el Brasil, habían pasado de 35 chelines a 3 y hasta en algunos casos a 4 guineas. El Lloyd de Londres, entidad reguladora del tráfico marítimo, llegó a negarse a asegurar mercadería portuguesa, a menos que se transportara en barcos ingleses.

En el año 1819, no varió el panorama corsario, ni en la zona en la que actuaron los corsarios ni en la intensidad de sus ataques. En este aspecto, puede decirse que el corso artiguista se vió fortalecido con la introducción de nuevos capitanes, que solicitaron la patente respectiva y la cual les fue debidamente proporcionada. Deben ser citados los que hicieron el corso bajo la bandera de Buenos Aires, a la que fueron paulatinamente abandonando, hecho provocado por circunstancias propias del corso y por la actividad que en Buenos Aires desarrollaba el cónsul de Estados Unidos Mr. Halsey. Fue tan violenta la reacción del Director Supremo Don Juan Martín de Pueyrredon que solicitó y obtuvo la sustitución del representante consular norteamericano.

El Capitán Pedro Doutant a bordo de la goleta "Congreso", causó tales pérdidas a la navegación portuguesa que se puede seguir su crucero a traves de las comunicaciones y denuncias que las autoridades portuguesas elevaron a Río de Janeiro, desde el Plata hasta la Capitanía de Ceara, desde el cabo de Hornos en el extremo septentrional de Africa, hasta el estrecho de Gibraltar en las puertas mismas de Portugal. En esta campaña, tan dura para el gobierno portugués, el Capitán Doutant apresó hasta un barco de guerra, luego de una prolongada lucha. Los otros capitanes: Jaime Barnes, Juan Clark, José Almeida, Guillermo Nutter, determinaron con su actuación en el mar una situación penosa para la navegación portuguesa. La documentación existente al respecto, nos pone en presencia de un hecho que confirma las informaciones que proporcionaron los historiadores de Portugal y Brasil.

Las autoridades de las Capitanías, particularmente las del norte, desesperaban de poder contrarrestar las fuerzas corsarias que operaban en sus aguas, en virtud de la escaséz de medios y de los pocos o nulos socorros que recibían de Río de Janeiro. La situación de los gobernadores en el norte, se tornaba cada vez mas crítica y desesperada, por su imposibilidad de adaptarse al ritmo que los corsarios imponían a las operaciones. El Gobernador de Pernambuco, se convirtió entonces en el portavoz de las autoridades norteñas ante el Conde Dos Arcos, ante el cual, con toda amplitud y verdad, significó la real situación de las capitanías que se hallabana a la merced de los corsarios, cuyo número aumentaba de forma tal, que amenazaban "dejarlos sin un solo navío". Confesó Don Luis do Rego Barreto, lisa y llanamente, que por consecuencia del bloqueo, el comercio estaba paralizado, a tal punto que ni siquiera el tráfico de cabotaje se podía realizar.

Quizá la afirmación mas grave, radique en el reconocimiento de la necesidad, para mantener el comercio, de fletar embarcaciones extranjeras, las únicas, sin duda, que podían pasar indemnes en tan graves circunstancias. Debemos mencionar los nombres de los barcos que llevaron a cabo tales hazañas. Allí actuaron la "Congreso", la "Federación", el "Pueyrredon", la "Luisa Carreras", el "Oriental" y el "Gran Guaycurú".

La campaña corsaria del año 1820, tuvo la particularidad, de que, a raíz de la celebración del Tratado de Pilar, se reactivara el movimiento corsario en el Río de la Plata, con las consiguientes perturbaciones del comercio de Montevideo, que vió interrumpido su tráfico con Río Grande y Río de Janeiro, por virtud de la acción de los capitanes Jorge Ross y Enrique Levely. Estos llevaron a cabo apresamientos, detenciones y visitas, cuya consecuencia fue una serie de reclamaciones del General Lecor ante las autoridades de Buenos Aires, que no hallaron eco, por confesar, estas, que los corsarios no les pertenecían.

Los mas grandes barcos y capitanes corsarios se incorporaron en este período a la bandera de Artigas. La "Heroína", la "Confederación", el "Tigre Oreintal", el "Catón", el "Oriental Invencible", el "General Rivera" y el "Valiente" fueron los corsarios que, prácticamente, apresaron cuanto barco portugués se arriesgó a cruzar el océano desde Lisboa a Río de Janeiro. Cuarenta y una presas tomadas en todas las latitudes, muestran a que punto había llegado la incapacidad de réplica de la marina portuguesa y de las posibilidades ofensivas de los barcos con bandera de Artigas, pese a que el caudillo oriental, se hallaba practicamente vencido e incapacitado para reaccionar en la Provincia Oriental. Pero el hecho de que Artigas fuera desplazado en ese año del escenario político del Río de la Plata, no obstó para que los capitanes corsarios continuaran su campaña. La circunstancia de desconocer tal hecho, capacitó a los mismos para continuar una campaña que pareció el eco de la rebeldía del gran caudillo.

Esta campaña difiere de las anteriores y nos muestra un aspecto de extraordinaria importancia. Se refiere al campo de acción en que desarrollaron su actividad, que incorpora una nueva zona, en la que hasta entonces no habían navegado los corsarios de Artigas. Cruzando el estrecho de Gibraltar, frente a las narices y burlandose de la cercanía de la costa de Portugal, penetraron en el Mediterráneo. Dos de estos corsarios realizaron un crucero por la costa española del Levante, y uno solo, llevo a cabo dieciocho apresamientos. Fueron el "Argentino" y el "General Rivera". Pero paralelamente con ellos, el último corsario que izó la bandera de Artigas, realizaba un crucero en el Océano Atlántico, asediando al comercio portugués y lograba apresar valiosas naves. Fue la goleta "Leona Oriental", comandada por el Capitán Guillermo Nutter.

Las Campañas Navales de Artigas - Agustín Beraza - Montevideo 1949.

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