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Para realizar el estudio de la marina oriental en la época de Artigas,
es necesario establecer la orientación y el destino de los elementos
navales puestos en servicio por el Jefe de los Orientales, para lograr
los fines que se propuso obtener, a través de una política naval, que
abarcó escenarios diversos, medios heterogeneos y etapas distintas.
Así se pueden determinar campos de actividad y épocas diversas, dentro
de la evolución de los efectivos militares, que actuaron en el período
comprendido entre los años 1815 y 1821. Se puede establecer una primera
etapa, de 1815 a 1816 y en ella, por causa de la notable actividad
comercial el surgimiento y desarrollo de la marina mercante oriental.
Los sucesos políticos que tuvieron lugar en los años siguientes
determinaron la organización de una fuerza naval militar, destinada a
llevar a cabo una misión ofensiva y defensiva, de enormes proyecciones,
surgiendo así la flota de guerra oriental. La consecuencia de su
actividad fue en lo local, el dominio de los ríos interiores, y en lo
exterior, la destrucción de los efectivos navales, mercantes y de
guerra, de dos potencias europeas: España y Portugal, hecho que ocurrió
en el Río de la Plata, principalmente en el Océano Atlántico. Tuvo
lugar, pues, en este período, la organización de dos fuerzas navales,
cuyos efectivos, estuvieron destinados a cumplir misiones distintas, en
teatros también distintos.
Dentro de la primera debemos mencionar las que corresponden a los ríos Uruguay y Paraná y que estuvieron comandadas por Luis Lanche, Pedro Campbell, Juan Domingo Aguiar y Pedro Yedro. En segundo término la que tuvo sus bases en los puertos de Colonia del Sacramento y Montevideo, constituida por naves corsarias que atacaron principalmente al comercio portugues como represalia a la invasión de la Provincia Oriental.
Los corsarios de Artigas ejercitaron plenamente ese derecho, cuyo
procedimiento estaba reglamentado por la Ordenanza General del Corso y
los artículos catorce, quince y diez y seis, particularmente,
establecían la "moderación" con que debía actuarse. Las protestas por esta circunstancia se repitieron por parte del Director Supremo y del Generalísimo portugués.
El coronel D. Blas Basualdo, cuyos triunfos devolvieron la provincia de
Corrientes a la órbita artiguista, dictó, en Saladas, el 17 de enero de
1815, la "Instrucción de Corsarios", destinada a encauzar la actividad
de las naves que se armaron en la base de Goya, y que debían actuar en
combinación con las fuerzas de la Bajada del Paraná. La finalidad de su
acción ofensiva, estaba destinada a impedir el comercio bonaerense con
las tres provincias litorales y con el Paraguay.
Las naves de la flotilla patrullarían el río y apresarían: "todos los
buques que sean apatentados por Bs. As. o q. dependan de este comercio
...". Sin embargo, estableció una excepción: los buques que venían del
Paraguay o retornaban a Asunción, una vez comprobada su nacionalidad y
condición de "neutrales", estarían libres de continuar su ruta.
El jefe de esta escuadrilla de barcos menores fue un frances, Luis
Lanche, quien la comando hasta el momento en que su gestión, mereció la
intervención del Jefe de los Orientales, quien dispuso su substitución.
El 24 de Marzo de 1815, la flotilla del Comandante Lanche entraba por el
Colastine' y se presentaba ante Santa Fé. Integrada por tres barcos
artillados para proteger el desembarco de las fuerzas de la Bajada,
entro en combate, con el que tenía armado Díaz Velez. El resultado del
mismo fue el triunfo de las fuerzas de Lanche, con pérdidas solamente de
vidas, entre ellas, la del segundo comandante de la flotilla D.
Eustaquio Valerie. Pese a los triunfos logrados en la actividad militar,
las actitudes del comandante de la flotilla, no satisfacieron a D. José
Artigas, quien dispuso el retorno de Lanche a la Bajada, donde se inició
una información sumaria sobre su actuación, relacionada con las requisas
de artículos de comercio. Es sabida la energía con que el Jefe de los
Orientales trataba a quienes transgredían sus órdenes: "Por la
arbitrariedad con que pretendía conducirse lo tengo con una barra de
grillos asegurado".
La flotilla del Paraná fue en los meses siguientes comandada por un
santafecino, don Cosme Maciel, y actuó destacadamente durante el año
1816, rechazando desde el río, en combinación con las fuerzas de D.
Mariano Vera, el ataque de las de Buenos Aires, comandadas por el
general Viamonte y el Comandante de la Escuadra D. Matías Irigoyen. La
actividad de esa pequeña fuerza destruyó poco a poco el poderío de la
flotilla de Buenos Aires, que finalmente, se retiró a la capital, El
nuevo intento ofensivo, llevado a cabo en el mes de julio del mismo
año, reforzado con barcos mayores, el "Aranzazú'" y el "Belén", no tuvo mas éxito. Si bien los barcos mayores no fueron afectados en su
potencial, la escuadrilla se apoderó de los barcos auxiliares de la de
Buenos Aires ... "Trayendo a esta Banda los cuatro Buques, se
descargaron, con fusiles, armas blancas, pólvora y municiones y
cartuchos de los caniones de todos calibres y de fusíl ... "
La flotilla culminó su campaña apresando al jefe de la escuadra de
Buenos Aires, que pasaba de su barco insignia a Santa Fé, en "un bote en
el que venía el General Irigoyen, Tarragona y Semborain y catorce
marineros, los mas negros ..." El marino bonaerense retornaría a su base
recién en enero de 1817.
La segunda escuadrilla del Paraná fue la comandada por el irlandés Pedro
Campbell, quien tuvo su apostadero en Corrientes y en los puertos de
Goya y Esquina. Su misión fue vigilar la zona del Paraná que
correspondía a la provincia de Corrientes, para prevenir los ataques que
pudieran organizar las autoridades paraguayas de Pilar. La revolución
encabezada por Jose Francisco Vedoya, en mayo de 1818, derrocó al
gobernador Mendez, lo que determinó la reacción del núcleo artiguista
cuya dirección estuvo a cargo de Andrés Artigas y Pedro Campbell.
Este, en el puerto de Goya, procuró detener los barcos en que huían los
directores de la fracasada revolución, con rumbo a Buenos Aires.
El comandante general de Misiones otorgó, en esa circunstancia, por
orden del Jefe de los Orientales, a D. Pedro Campbell, el grado de
Comandante General de la Marina. No permanceció mucho tiempo en el norte
la escuadrilla de Campbell. La revolución de Vedoya no era un hecho
aislado, sino que formaba parte de un plan ofensivo de las autoridades
de Buenos Aires contra D. José Artigas. El Directorio (gobernante en
Buenos Aires) había resuelto nuevamente llevar la guerra a la provincia
de Santa Fé, abriendo el General Balcarce la campaña, apoyado en el río Paraná, por la escuadra comandada por un francés, el capitán D. Angel Hubac.
La fuerza naval de Buenos Aires estaba integrada por tres naves mayores:
Pedro Campbell adaptó al río una técnica de combate nueva y usó una marinería que se amoldaba perfectamente al tipo de combate que
desarrollaba. La técnica de la montonera se prestaba a ser aplicada al
río. Sus barcos fueron al abordaje de los del enemigo, y por sus bordas
saltó una marinería extraña y policroma: gauchos de chiripá y la
indiada de tapes, entre el griterío ululante de las trompetas sonoras.
La Campaña Federal del año 1820, contra Buenos Aires, contó con la
colaboración de las fuerzas de la escuadrilla de Campbell, puesto que
era menester, primeramente, liberar el Paraná, destruyendo las fuerzas
de Buenos Aires, con el objeto de eliminar el riesgo de cualquier
sorpresivo desembarco a retaguardia.
El 26 de diciembre de 1819 salió de Santa Fé la fuerza de Campbell,
compuesta de cinco naves, en busca de la escuadra bonaerense comandada
por Hubac. Frente a San Nicolás, el jefe artiguista intentó una
sorpresa, pero antes de llegar al abordaje, un tiro certero de la flota
de Buenos Aires averió gravemente al "Artigas" y hundió al "Oriental"
pero le quedaron fuerzas, aún, para llegar al abordaje. En el asalto se
ganó otra victoria, retirándose Hubac en dirección a San Pedro. El 29 de diciembre comunicaba el jefe su triunfo al Cabildo de Corrientes. Luego
de la victoria de las tropas federales en Cepeda, fue necesario destruir
la flota porteña. Campbell retornó a Goya y allí reorganizó las
fuerzas. El 13 de febrero de 1820 se trabó en combate frente a San
Nicolás. Fue el gesto final del duelo que mantenían los dos capitanes
desde hacía tres años.
La escuadrilla de Campbell fue rechazada con fuertes pérdidas y debió
buscar refugio en las barrancas. El "Aranzazú" no pudo explotar su
éxito, no pudo realizar la persecusión de las fuerzas artiguistas,
porque le faltaba marinería y jefe. Hubac había muerto en el combate. La
última campaña de la escuadra del Paraná se desarrolló con motivo de la lucha que mantuvo D. Francisco Ramirez contra el Jefe de los Orientales.
Haciendo frente a los nuevos efectivos de Buenos Aires, puestos al
sevicio del jefe entrerriano, Pedro Campbell dió su última batalla. La
escuadra de Monteverde, al remontar el río, se encontró con la de
Campbell en la desembocadura del río Corrientes, el 30 de Julio de 1820.
La aplicación de la doctrina de la libre navegación de los ríos, la
reglamentación de la exportación y de la importación, aplicando un
atinado proteccionismo, la habilitación de nuevos puertos litorales,
tendió a la formación de una organización económica vinculada al comercio anglo-norteamericano que cumpliera aquel fin.
Como consecuencia natural, se produjo el surgimiento de un intenso
tráfico fluvial de positivos beneficios para todas las provincias
federales. Una flotilla mercante integrada por barcos menores, faluchos,
balandras, zumacas y goletas, surcando los ríos, unió los centros de
producción y de importación. La Comandancia de la Marina, con sede en
Montevideo, centralizó y regularizó ese tráfico, bajo la dirección sucesiva de los comandantes Bauza y Sierra.
Los nombres de los barcos registrados en ella: "Sabeiro", "San Francisco Solano", "Nuestra Señora del Carmen", "Constancia", "Trinidad", "San José y Animas", "Regina", "Felicidad", "Buena Fé", "Isabel", etc., prueban la importancia del movimiento mercante desarrollado entre los puertos de Montevideo, Colonia del Sacramento, Soriano, Paysandú, Purificación y Arroyo de la China.
Los marinos de Estados Unidos, especialmente los de Baltimore, acudieron
al llamado del hombre bajo cuya ancha bandera cabían solo los libres y
los valientes. Desde los puertos estadounidenses salieron a partir de
ese momento la mayor parte de los barcos corsarios de Artigas, antiguos
mercantes, veleros de comercio convertidos en barcos de guerra, todos y
cada uno, propiamente autorizados por las Patentes de Corso del
Protector.
Estos corsarios que se batieron bajo el pabellón de Artigas, tuvieron
una técnica y características especiales. Exigía barcos andadores,
buenos orzadores, capaces de hacer el mayor camino contra el viento, lo
que permitía a los capitanes, caer al abordaje o ponerse a salvo si el
enemigo los superaba en poderío. Requería capitanes de iniciativa y
audacia probadas, que arrastraran a las tripulaciones al combate y al
abordaje, y lo que era mas importante, someterlas a una rígida
disciplina, lo cual era una de las principales condiciones impuestas por
Artigas.
Las marinerías corsarias de Artigas eran una mezcla de hombres de todas
las naciones, pero principalmente ingleses y norteamericanos. Debemos
decir en su honor que fueron dignas del fin propuesto y que jamas
flaquearon.
Tales fueron los elementos y los procedimientos que fueron puestos al
servicio y a las órdenes de Artigas, para llevar a cabo su obra por la
autonomía del Río de la Plata y para la destrucción de las flotas,
mercante y militar, de Portugal.
Las Campañas Navales de Artigas - Agustín Beraza - Montevideo 1949. |
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