| EL GRITO DE ASENCIO |
| Al paisano don Mariano Chaves de la Capilla de Mercedes lo llevaron preso a Montevideo, y así van llevando a lo principal de esta Banda, y mañana dicen que vienen por mí, por lo que me apresuro a escribirle, pero que cuidado el sonrojo sentiré, pero la gloria de padecer por mi amada patria quién no me lo envidiará que sepa lo que es honor!"........................ | ![]() |
| La patria se apresta a celebrar con la máxima unción el sesquicentenario de la "Admirable Alarma", como llamara Artigas al movimiento libertador que en febrero se anunciara para llenar de gloria y de dolor todo el año de 1811. La celebración es propicia para que de todos los ángulos del pensamiento y de la emoción se rinda culto a los orígenes nacionales. Voces eruditas bucearán en archivos para darnos la última verdad, y el arte en variadas manifestaciones aportará su toque de gracia a la recordación. Por la índole de la publicación que recogerá estas páginas, nos cabe en esta nota la posibilidad de recordar Asencio al nivel común de sus lectores, que son, en esencia, carne y pensamiento de aquellos que hoy evocamos. ASENCIO es, como pronunciamiento, la más genuina expresión del común sentir de una región y el más inmediato antecedente de esa otra patética expresión de fe, solidaridad y decisión que es el Éxodo, ya de alcance y trascendencia mayor. A exaltar esos caracteres de auténtico sentimiento popular van encaminadas estas breves páginas. Y nada más válido a la intención que transcribir las expresiones que sirven de acápite a esta nota, que un sacerdote patriota, desde esta región Soriana fecha el 18 de agosto de 1810 en "La Graceada, Costa del Uruguay" bajo simulado nombre para no comprometer la posibilidad de seguir sirviendo a la causa. El sol de Mayo había iluminado las conciencias. Soriano, al igual que otros pueblos de esta Banda, se apresuró a reconocer a la Junta de Buenos Aires como expresión del sentir de la hora, pero las fuerzas reaccionarias representadas por Soria, Michelena, Vigodet, Elío, a los que se sumaron indecisos y acomodaticios, buscaron ahogar los pronunciamientos de pueblos que querían construir su propio destino. Se creyó que prendiendo "al paisano don Mariano Chaves", cabildante de Soriano que se carteaba con Cornelio Saavedra, o denunciando al Juez Comisionado de Mercedes don Mariano Vega, o deteniendo, aun enfermo, al Comandante don Francisco Albín, en VÍBORAS, para trasladarlo a la Colonia mientras las partidas recorrían la Campaña, se acallarían las voces. Pero siempre las grandes opresiones gestan paralelas rebeldías, y si en apariencia la persecución aquietaba superficialmente los ánimos, en la más profunda realidad un común anhelo se corporizaba y hallaba en la voluntad de cada paisano la posibilidad de lograr el clima cuya máxima expresión fue el Grito de Asencio. Asencio no es la concepción de un guía que polariza las voluntades y determina los acontecimientos. Porque en ese momento es la eclosión de un sentimiento generalizado, falta aún El Caudillo, ya que nada prueba que ni Artigas esté en su directa gestación, y porque falta el Guía, sobran en la primera hora los jefes, y se disputan la primacía Justo Correa, Pedro Viera, Venancio Benavídez, Ramón Fernández, hasta que llega ARTIGAS, el del entregamiento total y del inigualado desinterés, que tiene de providencial lo del ser capaz de conjugar los anhelos de un pueblo, de asumir la tremenda responsabilidad de ser su voz sin desvirtuar lo esencial de su pensar y sentir. Pero repitamos, la gesta se realiza al nivel del pueblo, y estamos en deuda con ese pueblo que nunca reclamó nada que no fuera el estar en la primera línea en el sacrificio y al que hoy queremos hacer justicia en los pocos nombres que conocemos. Algún día, quizá próximo, sabremos quién era, y lo honraremos, el cura criollo que bajo el nombre de "Pesada Cruz" ocultaba al patriota autor del notable informe que hemos citado, y cuyo conocimiento debemos a la generosidad del Profesor Flavio García. Es hora de que reverenciemos la memoria oscura del vecino don Enrique Reyes, que no perdía tiempo en adquirir noticias de don Martín Rodríguez, yendo a buscarlas a lomo de caballo criollo a Gualeguaychú, Gualeguay y Arroyo de la China". Hay que salvar del olvido los nombres de Vicudo y Sebastián Cornejo y Basilio Cabral por el fervor que pusieron para alertar los Partidos de Coquimbo y Sarandí, y a don Félix Rodríguez de Cololó que, como Viera en el Bizcocho, y hasta en las mismas filas españolas los clases Martín Brocal, Ángel Rodríguez y Manuel Esquivel, de la guarnición de Mercedes, contribuyeron a la riesgosa empresa. En el correr del año 1810 las acciones y reacciones de gobiernos y pueblos van preparando el clima para los sucesos de 1811. Desde mediados de enero de este año, cada paisano, cada hogar y cada pago tiene su cometido. El nervio de la conspiración regional, (Alférez de Blandengue en uso de licencia por enfermedad y confiando su restablecimiento a la tradicional calidad curativa de las aguas del Río Negro) don Justo Correa, es empujado a la acción por Pedro Viera, pero éste, a la vez, no es ya más que la voz del paisanaje. Nada más clarificador de esa realidad que la esquela que transcribimos, aunque conocida, digna de mayor difusión: "Coquimbo y febrero 24 de 1811. Mialferes Correa: ya no me es pocible de ningun modo contener la guente, y áfin de evitar al gun de ssorden que cause muchos males, o daños he determinado aproximarme esta no (c) he aese pueblo y atacarlo mañana lo que habiso á Vmd. para que asi lo aga entender atodos los Partidarios nuestros que. Vmd. tenga en (e)sa y no ofresiendose otra cosa Ruego a Ds. ge. su vida ms. años De. Vmd. suservidor - Pedro Biera" (sic) Ya no era "posible contener la gente". El 24 en Coquimbo. "El veinte y seis de febrero reunidos más de trescientos hombres se ocultaron de noche tres Leguas del Pueblo en el monte llamado de Asencio Costa del Río Negro". Allí amanece el 27. Ese mismo día se produce el choque con partida española, a la que con habilidad y valor derrotan y toman prisioneros sin, que se escapase más que un Teniente de Montevideo, llamado don José Maldonado por haberse arrojado con caballo y todo a un arroyo llamado de la Calera". (Memoria de Justo Correa confirmada por el informe de Viera a la Junta de Buenos Aires). Dos pintores nuestros han evocado ese 27 de febrero: Héquet en "Grito de Asencio" en el momento de ultimar detalles, cuando todavía hay paisanos ensillando sus caballos, en una calma que uno adivina preñada de decisiones, y Herrera en su fuerte tela "La mañana de Asencio" en la que, rota la valla de contención en el amanecer de un día, más que físico, espiritual, se confunden como en alud "paisanos acomodados", gauchos e indios tras un norte común, al que apuntan las indicadoras lanzas en ristre. Y testigos seguros, en un paisaje alertado por los teros y por el chisperío de cantos de los pájaros nuestros, esos árboles que ahí están en Asencio, milagrosamente respetados por el hombre, que ha captado el artista con su máquina en el lugar histórico, y que hoy ofrecen su sombra y la gracia de sus verdes a quienes llegan a ese primer altar de la Patria. A Soriano cabe la mayor responsabilidad en la distribución justiciera de los homenajes; pero corresponde a toda la patria el hacer una pausa en las cosas de todos los días para evocar a quienes abrieron el cauce del profundo sentir oriental en los albores de la nacionalidad. No importa para el caso cuál haya sido en definitiva la trayectoria posterior de cada uno de los actores. Luz o sombra, éxito o desventura, todos contribuyeron a amasar el barro que el Gran Orfebre acrisolaría en el Éxodo hasta transformar un instinto libertario en la conciencia lúcida de un derecho irrenunciable. por el Prof. Gregorio Cardozo Almanaque del Banco de Seguros del Estado - año 1961 |
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