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Capurro playa, parque, estación balnearia y barriada
montevideana, es un arraigado nombre capitalino. Es uno de
los mas hermosos parajes que se recuestan sobre la bahía de
Montevideo. Paraje y paisaje, porque la vista que se disfruta
desde la playa de Capurro es, sin duda, una de las mas
elocuentes de la ciudad, con su paisaje portuario a la
izquierda, la pequeña mole del Cerro enfrente, absolutamente
emblemática con fortaleza y todo, y la península estirandose
como un bostezo, a lo lejos, con esos edificios que dan a
Montevideo tono de urbe mayor, empezando con el Palacio
Salvo y siguiendo por la Catedral, el Correo, la Iglesia de
Lourdes, el edificio de la Aduana y tantos mas . . .
Capurro, entonces, paisaje elocuente de barcos fondeados o
abandonados en la bahía, paisaje costero y portuario, para el
recuerdo, para la fotografía del aficionado, para la nostalgia.
Con una iluminación distinta según sea de mañana o de tarde.
Con actividades diferentes según sea de día o de noche.
El topónimo Capurro se debe al infatigable y emprendedor
empresario italiano Giovanni Battista Capurro, marino
genovés venido al país en tiempos de la jura de la primera
Constitución. Cavaliere del reino de Cerdeña, Capurro
acumuló aquí una envidiable fortuna como agente marítimo y
accionista de distintas compañías. Su tacto y su buen olfato
para los negocios, circunstancias que tantas veces hemos
destacado en personajes similares a él, lo llevaron a cristalizar
excelentes inversiones.
En 1836 se había casado aquí con doña Prudencia de Castro,
fundando una honorable familia. A su muerte, en 1872, la
fortuna que dejaba a los herederos alcanzaba el millón de
pesos, suma verdaderamente caudalosa para su tiempo. A su
hijo Juan Alberto, ingeniero, arquitecto y empresario, amén de
legislador y ministro, Montevideo debe importantes obras
públicas y privadas, entre otras muchas, el histórico puente
que une Montevideo con San José, en la Barra de Santa Lucía,
construído en 1925.
En la zona donde había estado establecido el Caserío de los
Negros, en la margen izquierda de la desembocadura del
arroyo Miguelete, el armador genovés adquirió un predio
donde edificó una hermosa casa quinta, de 24 cuadras
cuadradas, rodeada de paradisíacos jardines, que pobló de
pájaros y especies forestales. La quinta de Capurro, que estaba
frente a la playa antiguamente denominada "Honda", sobre la
bahía, se llamó "La Meca", y allí vivió su fundador con su
esposa y demás familiares hasta que falleció.
Según el historiador Aníbal Barrios Pintos, los arenales y
pozos de agua existentes en la costa de "La Meca", sobre la
"playa Honda", continuación natural de los pozos de la
Aguada, fueron explotados por Capurro con destino a los
buques de ultramar que regresaban sin carga a Europa y
necesitaban lastre y, por supuesto, agua dulce.
Despues, el activo armador y hombre de negocios construyó
sobre la bahía el "Muelle Capurro", para cargar arena como
lastre en los barcos que regresaban desde Montevideo. De a
poco, los médanos de la zona fueron desapareciendo, a
consecuencia de ser trasladados a Europa a través de los
buques cargados por la empresa de Capurro.
La instalación de la "Compañía de Tranvías al Paso del
Molino y Cerro", desde 1869, trajo importantes cambios al
paraje y gran afluencia de visitantes. Los trenes eran tirados
por caballos y se establecieron dos ramales desde la calle
Agraciada hasta la costa. Uno iba por la actual calle Capurro
hasta la bahía, y el otro por la calle Francisco Gómez hasta la
vía férrea, que había sido inaugurada el 1o. de enero de aquel
año 1869.
El tranvía popularizó la playa de Capurro como estación
balnearia. En 1872, la Compañía de Carritos de Ramírez y
Capurro atendía un recreo, donde se expendía agua mineral de
Vichy. Las familias de Montevideo iban hasta allí en tranvía,
en sus propias volantas o en coches de alquiler, con el objeto
de tomar sus refrescantes baños de mar. Cuando se estableció
el vaporcito que hacía la carrera desde el puerto al cerro, en
las temporadas estivales, tanto en el viaje de ida como en de
vuelta, existía una escala en el muelle de Capurro.
Según cuenta don Isidoro de María, en 1866, con motivo de
una gran sequía, Giovanni Battista Capurro "se ofreció a traer
toda la precisa de su establecimiento". En sólo 18 días se
repartieron entre el vecindario 2.133 pipas de agua, costando
ese servicio a la Comisión de Salubridad 1.514 pesos.
Tan buen negocio se prometía, que Capurro ofreció al
Municipio un servicio de agua desde sus manantiales por
cañerías. Pero cuando se discutía esta oferta, llovió
copiosamente y se solucionó la angustia de la sequía , los
aljibes se colmaron "y Capurro - según De María - se quedó
con sus manantiales, sin poder concretar su iniciativa".
La estación balnearia, hotel y parque de Capurro fueron
proyectos de los hijos del genovés, Juan Alberto y Federico,
quienes crearon, al finalizar el siglo XIX, la sociedad
denominada "Gran Balneario de Playa Honda", cuando el
paraje se conocía todavía con el nombre de la playa.
Esa sociedad confió al arquitecto Juan Tosi los planos para la
construcción de un hotel para 450 pasajeros, con 285
habitaciones y un restorán, terrazas, gimnasio y sala de
hidroterapia. Pero la crisis del año 90 frustró este ambicioso
proyecto.
La quinta fué fraccionada y vendida, permaneció solo el casco,
donde tuvieron su sede las escuelas públicas Nos. 47 y 108,
cuyo moderno edificio sustituye hoy a la vieja casa de los
Capurro. En 1910, en los terrenos de la costa, se inauguró el
"Parque Capurro", trazado por el ingeniero alemán Julio
Knab, cuya parte arquitectónica, de amplias y hermosas
escalinatas y demás construcciones, fué obra del arquitecto
florentino Juan Veltroni.
El paso del siglo XX redujo a recuerdos el hermoso parque que
ya casi nadie visitaba. Sin embargo, la construcción de la
nueva ruta de salida al Oeste, que en algún momento amenazó
destruirlo definitivamente terminó poniendolo en vigencia
nuevamente. En 1988, las construcciones planificadas por
Veltroni fueron recicladas por el Municipio.
"Los barrios de Montevideo"
Ricardo Goldaracena
Ediciones Arca - Montevideo
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