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Al declararse la Independencia el territorio nacional fue dividido en 9
jurisdicciones administrativas. Ellas fueron Montevideo, capital de la
Nación, y las restantes fueron Canelones, San Jasé, Colonia, Soriano,
Paysandú, Cerro Largo, Maldonado y San Pedro de Durazno.
Montevideo tenía entonces unos 14 mil habitantes y el total del territorio
de la República aproximadamente 70.00O moradores. Por la ley promulgada el
16 de junio de 1837 tomando terrenos de departamentos limítrofes, se creaban
los nuevos departamentos con los nombres de Minas, Salto y Tacuarembó.
Florida se fundó el 10 de julio del 56 y Rio Negro y Rocha, simultáneamente,
el 1º de agosto de 1881.
Treinta y Tres el 20 de setiembre del 84. Artigas y Rivera el 1º de octubre
del mismo año. Flores, fue el último en incorporarse a nuestro mapa, lo que
ocurrió al aprobar el Poder Ejecutivo la Ley del 29 de diciembre de 1885
tomando su territorio del de San José.
Las iniciativas no siempre respondían a loables propósitos de tributar un
homenaje justiciero a un Prócer o evocar un episodio histórico de gran
importancia. Minas, Salto y Tacuarembó fueron propuestas del entonces
Diputado D. Bernardo Prudencio de Berro. Para Minas se tomaron tierras de
Cerro Largo. Para Salto y Tacuarembó las respectivas secesiones las "pagó”
Paysandú. Florida fue el cuarto departamento que surgió con innegable
derecho histórico, por ser el paraje donde se proclamó el 25 de Agosto de
1825 nuestra Independencia.
En la línea de creación de los Departamentos, a partir del grupo inicial,
viene Río Negro, que se asenté en tierras sanduceras. Rocha fue el único del
grupo de departamentos fundados entonces que no tomó territorio vecino,
instalándose en lo que había sido siempre “el Juzgado Ordinario de la Villa
de Rocha”.
Treinta y Tres se escindió de Cerro Largo; Artigas y Rivera fueron creados
por Leyes que ordenaban que la efectividad de la fundación tendría vigencia
desde el 1O de octubre de 1884. Aquél se desprendió de Paysandú. Y el último
departamento fundado, Flores, se segregó del de San José.
La fundación de Rivera fue sobre territorio hasta entonces de Tacuarembó. En
lo que respecta a las capitales departamentales, Minas quedó con el mismo
nombre hasta el presente. Respecto al departamento como tal, Minas pasó a
llamarse Lavalleja, un acto justiciero sin duda. De los restantes nuevos
departamentos, Salto mantuvo su nominación, la misma de la Villa Capital,
hoy ciudad. Asimismo Florida conservó el nombre de su gloriosa capital.
Al fundarse el departamento de Río Negro, con territorio sanducero, tuvo por
capital Villa Independencia, más tarde designada ciudad de Fray Bentos.
Rocha mantuvo para su capital el muy tradicional nombre homónimo para la
ciudad-capital. Caso similar ocurrió con Treinta y Tres. En su inicio como
departamento, Artigas tuvo como capital a Villa San Eugenio, ahora ciudad de
Artigas.
Al surgir Rivera como departamento, mantuvo el mismo nombre para su capital.
El de Flores, fue el último creado en la República, siendo su capital Villa
Porongos, actualmente ciudad de Trinidad.
La fundación del Departamento de Flores, originé un tremendo escándalo,
involucrando a numerosas personalidades, gobernantes incluso, tormenta cuyo
principal personaje finalmente alcanzó lamentable notoriedad.
Era nada menos que el Presidente de la República, el Capitán General D.
Máximo Santos, 13º mandatario que estaba a punto de terminar su periodo, el
entonces cuatrienio 1882/6.
El Presidente, ni de lejos, se resignaba a abandonar el poder.
Cuando estaba en las vísperas de abandonar el alto cargo, Santos anunció que
se postularía para senador del próximo gobierno, cosa totalmente normal.
Pero debajo de la piedra... El presidente elegido, el Dr. Fco. Antonino
Vidal, invocando razones de salud, renunció. Asumió el Presidente del Senado
como correspondía; pero enseguida manifestó que, habiendo ingresado al
Senado una personalidad como el anterior gobernante, iba a dejar la
Presidencia del Cuerpo argumentando que existía una corriente para designar
a Santos para presidir la Cámara Alta.
Asumió el Capitán General, agradeciendo con emoción lo que consideraba alta
distinción. Finalizada la reunión, Santos se retiró y nunca más volvió al
Cabildo, sede del Parlamento.
Porque ocurrió que al día siguiente, con otra renuncia mediante,
correspondía según la Constitución, hacerse cargo transitoriamente del Poder
Ejecutivo. Todo era legal. Y Santos ejercía la Presidencia de la República
en ejercicio del Poder Ejecutivo. La anómala situación transcurrió desde
marzo del 86, hasta la noche del 17 de agosto, cuando el ex subteniente,
Gregorio Saturnino Ortiz, sin decir palabra atacó al gobernante con un
revólver. Un solo disparo con bala explosiva hirió a Santos, con lesiones en
el rostro, mandíbulas, arrancando molares, dañando la lengua, entre las dos
mandibulas. El agresor se suicidó mientras fugaba. Santos se ausenté para
Europa buscando alivio; regresó, encontrando cerradas las puertas de la
patria. Radicado en Buenos Aires desterrado, el único Capitán General que
tuvimos falleció el 10 de mayo de 1889;
tenía 42 años y un mes.
JUAN CARLOS PEDEMONTE - diario El País, 26 de setiembre de 1999
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