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Artigas no sufrió solamente un ostracismo físico. Durante cien años pesó
sobre su persona la leyenda negra tejida por sus adversarios, que desfiguró
el recuerdo de sus ideas y de sus actos, lo exilió de la historia y del
reconocimiento que le debían los pueblos hispanoamericanos. Esta leyenda
negra fue urdida por historiadores porteños de la línea mitrista,
liberal-conservadora, que expresaba el interés de la burguesía portuaria y
se oponía al populismo de los caudillos federales. Para esa corriente de
pensamiento, personificada en Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López, Domingo
Sarmiento, etcétera, la historia rioplatense se habría desenvuelto a través
de la oposición, mecánica y no dialéctica, de la civilización, representada
por las urbes portuarias y europeizantes, y la barbarie, identificada con el
interior, las zonas rurales y sus caudillos. El título de la obra clásica de
Sarmiento: Facundo: civilización y barbarie, condensa esa interpretación. Cuando Sarmiento, perseguido por Rosas, debió cruzar la cordillera, dícese que grabó en la piedra de los Andes, esta frase: "Bárbaros: las ideas no se degüellan". Años más tarde, siendo presidente de la república, el mismo Sarmiento escribe al general Bartolomé Mitre este consejo: " No economice sangre de gauchos, no hay mejor abono para los campos de la patria". Según su civilizado criterio, las ideas no podían degollarse pero los hombres sí. Quien analice imparcialmente la historia de las guerras civiles del Plata, hallará sobrados testimonios de que nada puede igualar la saña y la ferocidad de la represión unitaria contra la insurgencia federal, como consta en las declaraciones de los ejecutores de esa civilizadora tarea. En la actualidad, merced al trabajo realizado por investigadores, historiadores y ensayistas afiliados a la corriente del revisionismo histórico, la tesis del liberalismo clásico ya no puede sostenerse, pues ha quedado claramente revelado el simplismo y la falsedad esencial de su interpretación.
La leyenda negra antiartiguista no solamente imperó durante más de
un siglo en la historia oficial argentina, modelada por la intelectualidad
porteña unitaria, sino que también fue aceptada en el Estado Oriental,
constituido en 1830. Hasta comienzos del siglo XX se enseñaba historia en
las escuelas uruguayas utilizando textos unitarios donde Artigas aparecía
como un forajido, jefe de hordas de bandoleros. En 1883 el senado uruguayo
aprobó la erección de un monumento al prócer, decisión que recién se
cumpliría en 1923, cuarenta años más tarde. |
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