Gobierno de Lorenzo Batlle (1868-1872)

  Al morir Flores en febrero de 1868, la Asamblea General se consideró liberada de la candidatura del desacreditado banquero Pedro Varela y quiso elegir entre José Cándido Bustamante, "hombre de pluma y de espada" y José Gregorio Suárez, gaucho "feroz" y caudillo semibárbaro, "sostenido por los conservadores cultos, que le redactaron el mas liberal de los programas".
Al no reunir ninguno de los dos la mayoría absoluta, la Asamblea se volcó hacia el General Lorenzo Batlle.

Lorenzo Batlle nació en 1810. Era hijo de José Batlle y Carreó, rico molinero español del período colonial. Batlle y Carreó durante la revolución perdió su fortuna por fidelidad a la Corona, y marchó a España con su familia. En Madrid, y luego en Francia, se educó Lorenzo, retornando al país a los 20 años, en 1830. Hombre de cultura europea, se vinculó a los doctores de la Defensa de Montevideo, cupiéndole en suerte tomar prisionero a Rivera cuando aquellos decidieron desterrar al caudillo en 1846. Ministro de Guerra de Joaquín Suárez, adhirió después al Partido Conservador, pero fué fusionado en los primeros años de la presidencia de Pereira. Con posterioridad acompañó la gestión de Venancio Flores desde la cartera de Guerra y Marina. Fué un hombre moderado, no desprovisto de energía cuando las circunstancias lo requerían. Le tocó gobernar en medio de una aguda crisis económica y política. Hostigado por los doctores que le exigieron anulara la influencia de los caudillos, cosa a la que Batlle se resistió, tampoco obtuvo la total confianza de éstos. La mejor prueba de su realismo es que logró concluir su mandato. Uno de sus hijos fué José Batlle y Ordóñez.

El poder regional alcanzó su mayor autonomía bajo la presidencia de Lorenzo Batlle. El único factor aglutinante de los partidos tradicionales, un jefe nacional de prestigio, había desaparecido con el asesinato de Flores. El Partido Colorado se fraccionó en tantos pedazos como caudillos con prestigio local existían. Máximo Pérez, Francisco Caraballo, Gregorio Suárez y Nicasio Borges eran los mas conocidos pero no los únicos. En cada departamento el jefe político se conducía, segun definición del Ministro de Francia en Uruguay, como un peueño "bajá".

La muerte del General Flores, en realidad, no hizo más que llevar a la superficie aguas muy profundas en la historia del país. Siempre los caudillos locales habían sido un factor de poder con el que los presidentes debieron contar. Cuando el primer magistrado era a la vez un jefe de prestigio nacional podía, mal que bien, mantener bajo control a sus nominales subordinados. Cuando no lo era - caso de Lorenzo Batlle - la mecánica del poder político real emergía, y el presidente constitucional se convertía en el simple coordinador de los poderes locales. La regionalización, por tanto, no era solo consecuencia de la muerte de Flores, sino un hecho que tenía su fuente en la debilidad, ya estudiada, del poder central.

La regionalización era pues el mero síntoma de una enfermedad más profunda. No debemos olvidar que resultaba mas sencillo comunicar la capital con Europa que con la campaña. Lo dijo en 1865 ese Ministro de Francia tan citado por lo perspicaz: "Hace tiempo que se quejan de que sea mas fácil comunicar con Londres o Paris que con ciertos departamentos de la República …"

Entre 1868 y 1869 la nación uruguaya vivió la hora de los famosos "pronunciamientos" de los caudillos colorados que pusieron en jaque la autoridad presidencial montevideana.

En mayo de 1868, Máximo Pérez, el caudillo de Soriano, se rebeló contra Lorenzo Batlle. No quería ser removido de la jefatura política departamental. Envió una carta al Presidente de la República que fué como un manifiesto del poder regional. Decía así: "El debido acatamiento que debo a la autoridad de Vuestra Excelencia ha debido quedar paralizado en este momento … V.E. se servirá elegir para Jefe de este Departamento a uno de esos dos individuos (los mensajeros de la carta) … El Ministerio de V.E. no presenta ninguna garantía para los hombres del Partido Colorado y en este caso repito a V.E. que debe morigerarse, pues de lo contrario me he resuelto yo a derrocarlo a balazos …"

La sinceridad y franqueza admirables de la misiva nos evitan abundar en comentarios. Así concebía el poder político un típico caudillo departamental. Los sucesos posteriores pusieron en evidencia la falta de autoridad del gobierno central. Comunicado el exabrupto de Máximo Pérez a la Asamblea General, esta no hizo mas que "lamentar" los acontecimientos, y el batallón de Guardias Nacionales de Montevideo dijo al presidente que estaba dispuesto a permanecer "neutral" en el conflicto.

Máximo Pérez llegó a un "acuerdo de caballeros" con los otros caudillos que el gobierno pudo enviar para reducirlo - Gregorio Suárez y Francisco Caraballo -. Obtuvo lo esencial: el ministerio renunció y el departamento de Soriano continuó siendo su feudo, aunque el no mantuvo al Jefatura Política.

Máximo Pérez fue un caudillo típico de estos tiempos. Concebía la jefatura como su patrimonio y actuaba desde ella como un padre, exigente pero humano.
Juez entre los particulares, solucionaba largos pleitos en breves minutos, con una justicia expeditiva hecha de cariño y coacción hacia sus paisanos; promovía casamientos para impedir la prolongación de situaciones irregulares; las cuentas que presentaba al Ministerio de Hacienda eran un modelo … de desorden, no entraba en su mentalidad del debe y el haber, gastos y entradas estaban juntos en una misma columna; en sus cartas a Venancio Flores se mezclaban los graves problemas departamentales con las referencias que todo lo humanizan, incluso el papeleo burocrático. Así, después de hacer mención de la situación general en Soriano, agregaba:
"Tenemos el gusto de tener entre nosotros a Misia María" (la esposa de Flores). Para él, la Jefatura Política no era un recinto impersonal y frío desde donde se mantenía el orden y se administraba. Hizo construir en ella un asador para que los paisanos tuvieran siempre un costillar pronto … Fue un caudillo, no un funcionario.

Al año siguiente, en mayo de 1869, le tocó el turno de defender al gobierno a Máximo Pérez, ahora contra los "legalistas" de 1868: Francisco Caraballo se sublevó. Ambos caudillos llegaron a un acuerdo mediante el cual el rebelde logró ciertas satisfacciones y obtuvo que la autoridad central, tan disminuída lo perdonara.

El Presidente de la República, mientras tanto, ni siquiera obtenía el concurso del elemento más afín a su personalidad: los jóvenes cultos colorados. Estos atacaban con violencia a Batlle por su debilidad para con los caudillos.

¿ Qué fuerza tenía el Presidente, en verdad ?

Apogeo y crisis del Uruguay pastoril y caudillesco
José Pedro Barrán

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