ayo de 1868, Máximo Pérez, el caudillo de Soriano, se rebeló contra Lorenzo Batlle. No quería ser removido de la jefatura política departamental. Envió una carta al Presidente de la República que fué como un manifiesto del poder regional. Decía así: "El debido acatamiento que debo a la autoridad de Vuestra Excelencia ha debido quedar paralizado en este momento … V.E. se servirá elegir para Jefe de este Departamento a uno de esos dos individuos (los mensajeros de la carta) … El Ministerio de V.E. no presenta ninguna garantía para los hombres del Partido Colorado y en este caso repito a V.E. que debe morigerarse, pues de lo contrario me he resuelto yo a derrocarlo a balazos …"
La sinceridad y franqueza admirables de la misiva nos evitan abundar en comentarios. Así concebía el poder político un típico caudillo departamental. Los sucesos posteriores pusieron en evidencia la falta de autoridad del gobierno central. Comunicado el exabrupto de Máximo Pérez a la Asamblea General, esta no hizo mas que "lamentar" los acontecimientos, y el batallón de Guardias Nacionales de Montevideo dijo al presidente que estaba dispuesto a permanecer "neutral" en el conflicto.
Máximo Pérez llegó a un "acuerdo de caballeros" con los otros caudillos que el gobierno pudo enviar para reducirlo - Gregorio Suárez y Francisco Caraballo -. Obtuvo lo esencial: el ministerio renunció y el departamento de Soriano continuó siendo su feudo, aunque el no mantuvo al Jefatura Política.
Máximo Pérez fue un caudillo típico de estos tiempos. Concebía la jefatura
como su patrimonio y actuaba desde ella como un padre, exigente pero humano.
Juez entre los particulares, solucionaba largos pleitos en breves minutos,
con una justicia expeditiva hecha de cariño y coacción hacia sus paisanos;
promovía casamientos para impedir la prolongación de situaciones
irregulares; las cuentas que presentaba al Ministerio de Hacienda eran un
modelo … de desorden, no entraba en su mentalidad del debe y el haber,
gastos y entradas estaban juntos en una misma columna; en sus cartas a
Venancio Flores se mezclaban los graves problemas departamentales con las
referencias que todo lo humanizan, incluso el papeleo burocrático. Así,
después de hacer mención de la situación general en Soriano, agregaba:
"Tenemos el gusto de tener entre nosotros a Misia María" (la esposa de
Flores). Para él, la Jefatura Política no era un recinto impersonal y frío
desde donde se mantenía el orden y se administraba. Hizo construir en ella
un asador para que los paisanos tuvieran siempre un costillar pronto … Fue
un caudillo, no un funcionario.
Al año siguiente, en mayo de 1869, le tocó el turno de defender al gobierno a Máximo Pérez, ahora contra los "legalistas" de 1868: Francisco Caraballo se sublevó. Ambos caudillos llegaron a un acuerdo mediante el cual el rebelde logró ciertas satisfacciones y obtuvo que la autoridad central, tan disminuída lo perdonara.
El Presidente de la República, mientras tanto, ni siquiera obtenía el concurso del elemento más afín a su personalidad: los jóvenes cultos colorados. Estos atacaban con violencia a Batlle por su debilidad para con los caudillos.
¿ Qué fuerza tenía el Presidente, en verdad ?
Apogeo y crisis del Uruguay pastoril y caudillesco
José Pedro Barrán
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