de 150 toneladas con 20.000 libras de tabaco en polvo,
"laborado en Sevilla y Habana".
Se aceptó la proposición del gobernante en apuros, y a poco de llegada
la primera remesa se estableció el estanco de tabaco en polvo en nuestra
provincia.
Se llamó "La Tercena" a la casa del estanco. Ignora de María
donde se estableció la primera que tuvimos, pero si asegura que a partir
de 1790, "La Tercena" ocupó una gran casa en la calle de San Luis, entre
las de San Fernando y San Juan (Cerrito entre Juan Carlos Gomez e
Ituzaingó), "frente a la casa de Balbín y Vallejo".
Y hasta nos hace
saber don Isidoro, que llegaban dos clases de tabaco-rape: uno de color
amarillo claro y mas fino; el otro de color mas subido y conformación
gruesa.
"Blanquillo y colorado" se les llamaba entonces, pero sin la
menor alusión partidista, porque faltan todavía muchas décadas para la Carpinteria ...
"Boulevard Sarandí" de Milton Schinca.
(Los días de la fundación y la colonia - 1726-1805)
Anécdotas, gentes, sucesos del pasado montevideano.
del "original" de Isidoro de Maria en el cual M. Schinca se inspiró.
El rape y La Tercena.
En los tiempos en que el "Don" no se daba a cualquiera, sino a las
personas de alguna posición social aventajada, y en que el "nho" fulano
era de uso comun en las clases inferiores, el "rapé" era un artículo de
subido consumo en las provincias del Río de la Plata, y la de Montevideo
entre ellas.
Como arbitrio para subvenir a las necesidades públicas, y
particularmente para continuar las fortificaciones de esta plaza,
propuso Andonaegui al Rey el envío de la Península de una embarcación de
150 toneladas cada dos años, con 20.000 libras de tabaco en polvo,
laborado en Sevilla y Habana, propio para la afición de estas
provincias, cuyo consumo se calculaba en 15.000 libras en la provincia
de Buenos Aires, 11.500 en la de Tucumán, 12.000 en Montevideo y 500 en
el Paraguay, anualmente.
Aceptada la proposición de Andonaegui, vino la primer remesa, y se
estableció el estanco del tabaco en polvo, allá por el año 1748.
Dedúcese de esto, que había muchos polvillistas entonces en esta región.
Llamábase la Tercena la casa del estanco del ramo.
En los primeros
tiempos no podemos decir a punto fijo donde se estableció en esta
ciudad, pero desde el año 90 y tantos, ocupó una gran casa en la calle
de San Luis, entre las de San Fernando y San Juan, frente a la de Balbín
y Vallejo, cuya casa era conocida por la Tercena (la misma que ocupó muy
posteriormente la imprenta del Universal, el Colegio de Barboza y el
Uruguayo, de la señora Aguilar de Acha).
El "tabaco-rapé" venía de dos clases: blanquillo y colorado.
El primero,
de un color amarillo claro, era el mas fino, y el segundo el mas grueso.
Nuestros antepasados fueron muy afectos al polvillo.
Usaban cajas de
carey, de nácar, de plata y de oro - algunas con música -, los
pudientes, siendo costumbre convidar con una narigada a los amigos, como
se convida con un cigarro.
Había aficionado que no se contentaba con
tomar una narigada, sino tres o cuatro, y dele estornudos.
Y mano a
aquellos soberanos panhuelos de "huevo revuelto con tomates", o de a
cuadros azules, colorados y amarillos. que usaban muy planchados para
descargar la nariz, llevándolos en la chaqueta o en el pantalón de "tres
botones", o del sucesor del alzapón chico.
Es tradicional que el gobernador Vigodet, que en su sencillez fumaba por
la calle - como los chicuelos del día, que no son Vigodet -, alternaba
con un sorbo de tabaco de su gran caja de oro; como lo es también que el
general Alvear lo llevaba a granel en los bolsillos del chaleco,
dándoles diez rayas en los sorbos a los comisionados de Vigodet, que no
lo hacían mal, tomándolos de sus cajas, cuando negociaban la
capitulación de esta plaza el año 14 en la histórica capilla de Perez,
con cuyo motivo decían los realistas "Republicano, al fin", parodiando
acaso el dicho de la Carlota: "son de otra escuela", refiriéndose a los
diputados del Cabildo, en ocasión de felicitar al Príncipe por el
alumbramiento de su consorte la Princesa.
No eran solo los hombres que hacían gasto de rapé, - excelentes
marchantes, como nuestro Figueroa, nuestro padrino Pozo, del que se
expendía ahora 50 años en lo de Valle, Domenech y el baturrillo de
Varela, en la Plaza, - sino también las señoras mayores, como nuestra
buena Doña Narcisa, a quienes no le faltaba la cajita y el rosario en
su vestido de alepín o zaraza.
"Montevideo Antiguo" de Isidoro de María.
Montevideo, 1887
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