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Los baños de mar en la costa, databan desde los tiempos del coloniaje,
correspondiendo recordar que a mediados del siglo XVIII, sobre la calle de
San Telmo —actual 25 de Agosto— borde de la Bahía donde estaba el Apostadero
Naval Español del Río de la Plata, Patagonia y Las Malvinas a la altura de
las ahora Maciel y Pérez Castellanos, existía el Baño de los Padres, lugar
reservado para el uso de sacerdotes. Tenía suelo pedregoso y estaba en un
semicírculo cuyas puntas eran al Este las rocas donde se asentaba la Batería
de San Francisco y al Oeste la actual Escollera Sarandí. En donde estaba el
tal Baño está el gran edificio de la Administración Nacional de Puertos. En
todo el contorno de la luego llamada Ciudad Vieja, entre las piedras que
alternaban con ínfimas playitas, vecinos habían que tomaban "baños de mar".
Otros vecinos salían por el Portón de la Ciudadela y se bañaban en la playa
de Sta. Rosa, algo distante: antes del inicio de la Ramírez, que tomaba su
nombre por el importante saladero del que era propietario un empresario de
aquel apellido allí instalado.
Pero fue en 1866 que se levantaron las primeras construcciones, creada una
empresa de los Baños de Mar, propiedad de don Antonio Bastos, que obtuvo una
concesión sobre el final de la calle Sta. Teresa. Eran dos amplias
construcciones de madera, una para hombres y otra para mujeres y niños. Poco
más tarde —en la temporada siguiente— don Agustín de Castro, fuerte
empresario, recibió como estimulo al Establecimiento de Baños proyectado,
varias cuadras en la playa misma y alrededores, comprometiéndose el
concesionario a instalar carritos traccionados por una mula, que entraba al
agua llevando a señoras y niños “mar adentro” en la tranquila playa Ramírez.
A bordo del carrito las bañistas cambiaban sus ropas y, lejos de miradas
indiscretas, descendían los clientes por una breve escalerita, mientras el
“bañero” viejo esperaba a prudente distancia. Allí se construyó años
después, sobre la arena y entrando unos 100 metros en el agua, una hermosa
terraza.
Y cosa que testimonian viejas tomas fotográficas, el tren de caballos de la
Compañía “Del Centro”, marchaba por la sólida terraza. Por la playa unos 300
metros adelante, los trabajadores del Saladero cumplían sus labores
cotidianas...
JUAN CARLOS PEDEMONTE - El País - 15 de marzo de 1998 |
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