EMIGRACIÓN

UNA JOVEN QUE EMIGRA


Continuando con la temática de la emigración que nos viene golpeando duramente, es que queremos en esta instancia centrarnos en un caso puntual, en un caso real, para reflexionar, para analizar, para que nos ayude a ser cada vez mas libres en nuestras decisiones, para que no nos engañemos, para que sepamos que hay una historia que nos marca, para que no nos olvidemos. No es casual que tanto en 1974 como en 2002 hayan emigrado del país aproximadamente la misma cantidad de ciudadanos y la población, en número, se ha mantenido prácticamente sin modificaciones.

( LOS DATOS DE LA PROTAGONISTA SE HAN MODIFICADO PARA PROTEGER SU IDENTIDAD, EL CASO ES REAL)

El joven que ha llegado a la decisión de emigrar, es porque aquí agotó sus recursos externos e internos para continuar quedándose. El medio en que vive le asfixia, aquí queda todo lo malo, lo frustrante, lo blanco y negro. Ha hablado ya con los amigos, los padres y la pareja. No le convencen. Es él quien termina por convencer a los demás demostrando la curva innegablemente descendente del tobogán por el cual todos vamos resbalando. A veces llora sintiendo que abandona a la familia, a los grupos de pertenencia, las costumbres, todo. Sabe que extrañará, que un pedacito de él quedará siempre unido como un cordón umblical al lugar donde nació.

Para allá lejos están las luces de colores, el trabajo digno y bien pago, el derecho cumplido de tener una vivienda que aquí quedó lleno de polvo olvidado en nuestra constitución...

Podrá formar una familia que crecerá bien o brindar mejores oportunidades a la que ha formado. Total, el desarraigo no es para siempre, vendrá de visita o se llevará con él a los “viejos”.

Hay tanta facilidad de comunicación y tanto adelanto técnico, que escribir cartas parece casi del siglo pasado. Está el teléfono, el fax, el mail... y qué se yó qué mas.

El/ella, es joven y quiere ver que la realidad es verdaderamente de hermosos colores.

A medida que se acerca la partida la confusión de emociones crece, dolor por lo que se deja, miedo a lo desconocido pero también esperanza y euforia. Y son éstas las que tendrán que predominar para que el joven logre partir “bien”

Es el momento en que tendría que recurrir a una psicoterapia para enfrentar el futuro incierto y para procesar sus contradictorias vivencias.

EL CASO

Alice es una profesional, se graduó en relaciones internacionales, tiene 25 años, es castaña bajita, de ojos negros, no se quita nunca el jean, jamás se maquilla, no tiene novio.
Su familia siempre la ha apoyado mucho, son del interior de nuestro país, mantienen las tradiciones, los hijos lo siguen siendo todo.

Las amistades de Alice son mas o menos marcadas por ese estilo desenfadado, informal, sus amigas tampoco consiguen novio y también son profesionales.

Alice consiguió un trabajito en la empresa de su viejo con un sueldo bajo, podemos imaginar que el cargo se le ha creado para ella como suele ocurrir en casos similares, la ilusión de la familia está en que los hijos continúen lo que ellos han comenzado.

Alice no se conforma, quería otros horizontes, probablemente mas que nada su deseo era, es y será el de enamorarse, encontrar el príncipe azul, y aquí no es posible “ya no quedan hombres”. Así es que partió sin grandes lágrimas, pensando que tal vez volverá en cualquier momento, aunque en el fondo mantiene la esperanza de encontrarlo todo en Roma.

Ahora está allá, a pesar de sus papeles europeos (pasaporte español, cédula de identidad italiana, carne de trabajo italiano, todo heredado de los antepasados) no encuentra trabajo desde hace 7 meses. Ha buscado incluso como moza pero la han rechazado, nadie quiere una moza a la que se le rompen los platos, se le caen las bandejas y le ocurren todo tipo de peripecias a consecuencia de no tener experiencia en tareas manuales.

Ni se le ocurre homologar el título, pues tendría que pasar un año viviendo allí y en su profesión es bastante complicado el trámite de revalidación. Está viviendo con unas amigas y amigos que también emigraron. Los que tienen trabajo mantienen a los que no lo tienen, todavía no extraña pues además tiene una hermana allá, sus amigos son los que se fueron con ella y a diario se comunica vía mail con sus padres.

Se dedica mucho a ir a las aguas del Mediterráneo, es verano y las playas Italianas son hermosas, al menos nadie le quitará nunca esa bellas imágenes de su cabeza.

¿Y el príncipe azul? Quizás no esté en Barcelona.

Creemos que viajar en condiciones similares producirá situaciones similares, quienes se sientan identificados con esta situación deberán hacer una análisis de sí mismos para el cual necesitará a un psicoterapeuta.

Lic. Silvia Llambías Casal – Lic. Fabiana Pérez Frederick


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