La diferencia étnica
Por Gabriela Malvasio
ORT Uruguay
La mitad de las mujeres negras ocupadas en Uruguay son empleadas domésticas. Del resto, gran parte cumple tareas poco calificadas y mal remuneradas. Son muy pocas las que logran un nivel universitario. Estos datos son recogidos por el primer estudio específico sobre este sector de la sociedad publicado hace un año. Para Chabela y Beatriz Ramírez, dirigentes de una organización de afrouruguayos, se trata de tomar conciencia de que son mujeres con problemáticas diferentes debido a su origen y al racismo, implícito o no, que han sufrido históricamente.
El nueve de noviembre de este año los tambores sonaron en la sede de la Organización Mundo Afro (OMA), una entidad no gubernamental que reivindica los derechos de la minoría negra en Uruguay. La mama vieja y el escobillero avanzaron como en los desfiles de carnaval, recuerdos de los días de fiesta permitidos a los esclavos en la colonia. Ella se abanicaba, mientras movía con gracia su colorido traje. Él manejaba con destreza y
ritmo la escoba. El lugar se llenó de candombe y festejo.
Las personas reunidas corrieron sus sillas para hacerle lugar a la pequeña comparsa. Una mujer negra de trencitas se movía con gracia. Otras se besaban y felicitaban. Las más viejas se quedaron sentadas y sonreían mientras agarraban las copas que les servían. Varios niños, negros y blancos, jugaban corriendo entre los adultos.
Entre los blancos destacaban dos mujeres de impecable "tailleur" y cabellos rubios recogidos que observaban un tanto sorprendidas.
¿Por qué el festejo? Se acababa de firmar el convenio de la cooperativa UFAMA al Sur entre Mundo Afro y el ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente y la Intendencia Municipal de Montevideo.
Este acuerdo habilitó la construcción de 36 viviendas para mujeres negras jefas de familia, muchas de ellas adolescentes.
Beatriz Ramírez es subdirectora de OMA, responsable del Programa Mujer Afrouruguaya e integrante del Grupo de Apoyo a la Mujer Afrouruguaya. Para esta dirigente con el convenio de alguna manera se admitió por parte del Estado la imposibilidad de acceso a ciertos espacios por parte de la colectividad negra, como puede ser la vivienda. "El hecho de que el Estado reconozca a la colectividad negra como un sector que necesita un esfuerzo especial es un logro histórico. Esto significa reconocer que hay sectores como el nuestro que, por razones históricas y sociales, no han podido insertarse en la sociedad en el mismo nivel que otros. Es tomar conciencia de que hubo un problema de racismo, que un sector no fue contemplado dentro de los aspectos democráticos de un país. Fue de alguna manera como hacernos visibles frente al Estado uruguayo". En Uruguay la población
> negra constituye aproximadamente el 6% de los habitantes, alrededor de 180 mil personas -porcentaje bajo si se lo compara con otros países como Brasil o Estados Unidos, que no implica sin embargo que sean pocos los problemas que deban afrontar-.
En segunda instancia, Beatriz Ramírez destacó que con la firma de este acuerdo también desde la propia colectividad negra se estaba reconociendo que el sector de la mujer es aún más postergado que el resto de los integrantes de la minoría étnica. Para la dirigente se demostró que "las mujeres, como pilar histórico de la familia y de la comunidad negra, necesitamos que se nos potencie, que se apueste por nosotras, porque somos capaces de llevar adelante nuestros emprendimientos".
Las diferencias ignoradas "Ignorar la presencia de la población negra o dejar de discutir sus características y situación social puede contribuir a reproducir formas de prejuicio, discriminaciones y racismo". Esto puede leerse en la introducción del "Diagnóstico socioeconómico y cultural de la mujer afrouruguaya", trabajo impulsado por OMA y publicado el año pasado que contiene los únicos datos estadísticos existentes en el país sobre el tema. Ni el Instituto de la Mujer del Ministerio de Educación y Cultura, ni la Comisión de la Mujer de la Intendencia Municipal de Montevideo trabajan con datos diferenciados ya que no hacen "discriminaciones entre las mujeres".
Para Beatriz Ramírez esto de alguna forma es desconocer, mediante la homogeneización, que existen características diferenciadas por la procedencia, valores y visiones de la vida y del mundo. La dirigente de OMA pone como ejemplo que en las reivindicaciones de los movimientos feministas las mujeres negras no se vieron siempre contempladas: "Uno de
los aspectos que más se trabaja es el proceso de la familia uruguaya a partir de la inserción de la mujer en el ámbito laboral en los años 60.
Eso nosotras lo vivimos con mucha anterioridad, porque en las familias nuestras las mujeres se insertaron desde que llegaron a la colonia. Eso le dio un papel muy diferente a la mujer. Lo que se planteaba de que la mujer es concebida como un ser vulnerable, frágil no hace a la mujer negra. Las mujeres negras trabajaban muy duro y hasta fueron a luchar junto a Artigas. Las famosas lanceras eran esclavas negras escapadas que servían a
la revolución. (....) La que de alguna manera asume la responsabilidad y la lucha por la casa, por la familia es la mujer negra. También somos postergadas pero de forma diferenciada. La construcción de género es otra."
Por un lado parecen entonces mujeres muy fuertes, pero por otro tienen una autoestima muy baja. El tema de la discriminación de géneros en el mundo negro es "como un nudo que hay que desentrañar porque los elementos se contradicen, se superponen y se refuerzan.", explicó Beatriz Ramírez, "la fortaleza de la mujer es un elemento para que el hombre abuse, para que no asuma sus responsabilidades. A su vez la mujer asume sus responsabilidades pero no es reconocida (...) Se hace como una especie de costumbrismo el hecho de que la mujer sale adelante con los hijos, es el respaldo de la casa y muchas veces eso se quiere tapar tratando de oprimir a la mujer o de desvalorizarla."
Empleadas de servicio
"El Diagnóstico socioeconómico y cultural de la mujer afrouruguaya" se basa en una encuesta a mil de las 83.500 mujeres negras mayores de 14 años que viven en Uruguay. Según este trabajo, en el aspecto laboral las mujeres negras trabajan en mayor proporción que el resto de las mujeres y la población en general, en todos los tramos de edad, pero esencialmente en los primeros.
Las mujeres negras en actividad se concentran en un 89,6% en el sector de servicios y el 50% del total en el servicio doméstico. La mayor parte son recompensadas con bajos salarios.
El estudio señala que las que trabajan en la industria lo hacen en los rubros tradicionales de la manufacturera, caracterizados por una utilización intensiva de mano de obra poco calificada.
Sólo el 0,5% de las mujeres negras ha podido acceder a la enseñanza superior o a ocupar cargos de dirección, el 60% de las cuales trabaja como profesional o técnica, y el resto está desocupada o tiene ocupaciones inferiores a su nivel de estudios.
El diagnóstico observa que siete de cada diez jóvenes negras ocupadas trabajan en el servicio doméstico y las tres restantes lo hacen en categorías de bajo prestigio social y que no posibilitan una acumulación de conocimiento que permitan un ascenso a otro tipo de ocupación.
Las jóvenes negras se insertan tempranamente en el ámbito laboral. Es común que las niñas acompañen a sus madres en el trabajo doméstico y las ayuden. Primero limpian objetos para continuar con muebles y cuartos de la casa. Se van haciendo al oficio, terminan la escuela pero no llegan a comenzar el liceo porque consiguen trabajo.
El estudio concluye que para la gran mayoría de las mujeres negras "la opción de ingresar al mercado de trabajo puede considerarse como una estrategia de sobrevivencia".
El 80% de las mujeres mayores de 50 años no ha finalizado la primaria. Las mayores de 30 en un 60% han llegado a la secundaria sin finalizarla, siendo las mujeres de 30 quienes en un alto porcentaje han finalizado secundaria.
Entre las conclusiones el diagnóstico señala que "existe una íntima relación entre las formas de discriminación material (calidad de empleo, acceso a la educación) y aquellas de tipo cultural (exclusión, segregación, violencia contra estas mujeres)" El 35% de las mujeres consultadas manifestó que se ha sentido discriminadas por ser de raza negra. El 40% mencionó en primer lugar las "agresiones de palabra o insultos". Los demás ítems, agresiones, acoso sexual, agresiones físicas o golpes, presentan porcentajes menores.
Racismo a la uruguaya
Beatriz Ramírez consideró que las mujeres negras que se dedican al servicio doméstico sufren mucho el racismo por "esa idea de ser propiedad de una familia, de que no podés tener tus propias decisiones".
Chabela Ramírez, hermana de Beatriz, combina su tarea de coordinadora de la cooperativa de viviendas UFAMA con el trabajo de servicio doméstico. La dirigente explicó que a las mujeres negras lo que más se le estimuló siempre fue la vocación de servicio, "el ser buena, agradecida, leal y obediente a la patrona, al patrón, al marido, a los hijos, a todo el
> mundo". Ella sostuvo que en su caso es una "lucha permanente" sin embargo "mis patrones saben perfectamente que de mi etnia no se puede hablar mal porque siempre, de la mejor forma, voy a responder. A veces me dicen: "Ay, pero no hay tanto racismo, como en otros países" y yo les contesto:
"Pruebe Usted a ponerse en mi piel cinco minutos y después me cuenta".
Al servicio de SOS Racismo de la Organización Mundo Afro llegan a menudo denuncias de mujeres empleadas domésticas. "A una muchacha la dueña de casa la acusó de haberle robado y la amenazó con denunciarla a la policía.
"Vas a venir mucho tiempo acá -a trabajar gratis- para que yo no te mande presa", le dijo la mujer. Los padres de la muchacha la respaldaron y lograron aclarar la situación", ejemplificó Chabela. "Esto es un cambio, antes la mujer no tenía esa compañía: el hombre, padre o hermano, no se jugaba tanto. Le decía a una: "dejálo, no vayas más" para no hacerse problemas". Chabela destacó también que antes las mujeres "se aguantaban
> más. Posiblemente para mantener su trabajo, el sustento de su familia. Hoy son pocas las que se callan".
Además de dirigente de Mundo Afro y empleada doméstica, Chabela Ramírez es cantante.
Antes de actuar en hoteles de Punta del Este la hacían esperar en la cocina y al finalizar la revisaban para ver si se había llevado algo. "Este tipo de cosas hacen que una se vea limitada y también te da la posibilidad de superarte", concluyó.
Las hermanas Ramírez habitualmente deben hablar en público. Algunas personas las felicitan por "lo bien que hablan". "¿Pero como no vamos a hablar bien? Puede ser que haya mayor o menor claridad de ideas pero tenemos la capacidad de hablar", concluyó Chabela.
La expresión máxima del racismo, para las Ramírez, se dio con el caso de la cooperativa de vivienda para mujeres negras (ver recuadro), cuando vecinos del barrio Sur se opusieron a su construcción.
Una encuesta realizada por el diario El País hace un año reveló que la cuarta parte de la población cree que en Uruguay hay mucho o bastante racismo contra los negros. Estas personas consideraron que los integrantes de la colectividad negra tienen menores posibilidades de empleo, menores ingresos ante trabajos similares y que existe menor proporción de negros en puestos de jerarquía profesional.
La mayoría de la población, tres de cada cuatro, cree que en el país hay poco o ningún racismo contra los negros. Los encuestados consideran que existen contextos donde el racismo es alarmante, como Estados Unidos o Francia. Ante esto los problemas en Uruguay parecen menores.
Beatriz Ramírez explica esto por el hecho de que el racismo en Uruguay adopte maneras sutiles, nunca explícitas, siempre elípticas. Su hermana Chabela opinó de forma distinta: "Si bien se habla de la sutileza en la discriminación, por sobre todas la cosas se manifiesta en forma masiva, al no dejar que una colectividad pueda tener posibilidades de ascenso
cultural, social y económico por el simple hecho del color de la piel".
En lo que sí estuvieron las dos de acuerdo fue en el mimetismo que muchas mujeres negras eligen. "Si a uno le están sistemáticamente diciendo que tu idioma es dialecto, tu religión es hechicería, tu música es ruido, que ser negro tiene una connotación con sucio, que tu mota es para avergonzarte.
Todo esto generacionalmente te va marcando y se va transmitiendo", sostuvo Beatriz. Para Chabela el laciado del cabello en algunas mujeres negras es ejemplo de este mimetismo, para no ser el foco de las miradas. Aseguró que la mujer en su lugar de trabajo o estudio no va a ser considerada de la misma manera si lleva sus trenzas afro o su pelo corto.
Beatriz Ramírez concluyó que hay focos de racismo pero la conciencia de que existe un sector que fue marginado es cada vez mayor. "Como el uruguayo tiene un gran orgullo de su carácter democrático, abonamos (con nuestro trabajo) en un campo fértil".
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